A finales de diciembre de 2014 dejé mi destino en San Vito y me dirigí al norte. Los destinos eran el Refugio Nacional de Vida Silvestre Caño Negro y el Bosque Nuboso de Monteverde: dos de las áreas naturales más representativas de Costa Rica, en un mismo viaje de fin y comienzo de año.
Caño Negro — fauna en bote por un humedal
Caño Negro es un refugio de vida silvestre en el norte de Costa Rica, cerca de la frontera con Nicaragua. En estación seca el agua baja y en lluviosa el humedal se extiende. El plato fuerte para el turismo es el tour en bote: avanzas despacio por el río y observas aves, monos, cocodrilos y reptiles muy de cerca.
Aves en la orilla
Apenas subimos al bote, salieron las aves. Sobre un tronco, un anhinga secaba sus alas al sol y a su lado había una garza blanca. Los anhingas se sumergen para pescar, pero sus plumas no tienen aceite y se mojan, así que necesitan secarlas así. Una imagen común en Costa Rica que no aburre.
Monos cariblancos — observándonos desde lo alto
En los árboles de la orilla había monos cariblancos reunidos. Es un mono común en Costa Rica, con un contraste muy marcado entre la cara blanca y el cuerpo negro. No huyeron al acercarse el bote — más bien se quedaron mirándonos. Una cría se aferraba a la espalda de su madre.
Pescadores locales en el mismo río
En el mismo río donde los turistas vamos en bote a ver animales, los locales pescan con total normalidad. No es una escena especial — el río es parte de la vida. Esa imagen tan común se me quedó grabada por mucho tiempo.
Hacia Monteverde — un pueblo en bosque nuboso
Desde Caño Negro, pasando por La Fortuna, fui hacia Monteverde. Monteverde es un bosque nuboso en la zona montañosa central de Costa Rica, entre los 1.400 y 1.800 metros. Está envuelto en niebla todo el año y eso da forma a un ecosistema particular.
Al llegar, llovía con esa lluvia fina. Los bosques nubosos de Costa Rica siempre están así; eso es parte del aire del lugar.
Perezoso — colgado en una rama bajo la lluvia
Caminando por el sendero en Monteverde con el guía, me dijo "miren arriba". En la rama de un árbol había un perezoso de tres dedos. Comía hojas con calma bajo la llovizna. Si no sabes mirar, pasas de largo.
Es un animal cuyo trabajo casi parece ser no moverse, pero su presencia es enorme. Sentí que podía quedarme horas viéndolo.
Momoto cejiazul — una de las aves más bellas de Costa Rica
En la pared de piedra cerca del hospedaje había un ave que nunca había visto. Plumaje verde azulado, pecho anaranjado, una larga cola azul. El momoto cejiazul (Blue-crowned Motmot). Es común en Costa Rica, pero en persona resulta más vívido que cualquier foto. Me quedé un rato sin poder moverme.
Me observaba fijo. Sin intención de huir, casi como si posara.
Tour nocturno — lo que aparece de noche
Hice el tour nocturno de Monteverde. Con la linterna del guía, salieron criaturas completamente distintas a las del día. Ranas, serpientes, insectos — el bosque de noche estaba más activo que el de día. El guía explicaba con paciencia cada especie. Las ranas que parecen iguales muestran patrones nítidos cuando las iluminas.
Mañana con un pizote
A la mañana siguiente, en el sendero, había un pizote (coatí) caminando por el suelo. Hocico largo, cola levantada — un animal que se ve a medio camino entre un mapache y un tanuki. En Costa Rica suelen moverse en grupo, pero este iba solo, escarbando en la tierra. Caminamos juntos un rato.
Ver monos en bote en Caño Negro, encontrar un perezoso en Monteverde, iluminar criaturas con un guía en la noche. Sabía con la cabeza que Costa Rica es un país rodeado de naturaleza, pero ver tanta fauna en un solo viaje vuelve a confirmarlo. Me alegra haber metido este viaje en los últimos días de mi servicio como voluntario.