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Septiembre de 2014. Subí al Volcán Santa Ana (→ Crónicas de El Salvador #2). La base de aquella subida fue la ciudad que comparte el nombre del volcán: Santa Ana. Después de San Salvador, es la segunda ciudad del país, un viejo pueblo que prosperó gracias al café.

Con el cansancio y la emoción de la subida todavía encima, dediqué un día a caminar por la ciudad. Dos cosas que ver: las viejas iglesias agrupadas en el casco antiguo y una más: la escuela primaria donde trabajaba un compañero voluntario.

Las iglesias de la "Cruz Céntrica"

Lo supe solo después: el casco antiguo de Santa Ana tiene lo que llaman la "Cruz Céntrica" — cuatro iglesias que, con la catedral en el centro, forman una cruz junto a El Carmen, San Lorenzo y El Calvario. Yo entré realmente en tres de ellas.

Catedral de Santa Ana

En el corazón de la ciudad se alza la Catedral de Santa Ana. Sus blancas torres gemelas neogóticas apuntan al cielo; mi primera reacción fue simple sorpresa de que una ciudad provincial centroamericana tuviera una catedral de esta escala.

Dentro, gruesas columnas pintadas de rosa y blanco recorren la nave, y el techo de arcos ojivales se eleva hacia el fondo. El piso es de piedra verdosa, tan fresca que el calor de afuera parecía irreal. Casi no había turistas; la gente del lugar rezaba en silencio.

Interior de la Catedral de Santa Ana
La nave de la catedral: columnas rosa y blanco, arcos ojivales, un piso de piedra verdosa. El neogótico, vivo y callado, en una ciudad de provincia.

Iglesia El Carmen — un edificio de ladrillo rojo

A poca distancia a pie de la catedral estaba la Iglesia El Carmen. Esta es un poco peculiar: su exterior está revestido de ladrillo rojo. En un país lleno de iglesias de cal blanca, es algo poco común. Enfrente estaban las palmeras. En la foto de mi guía de viaje había dos enmarcando la fachada, pero al llegar de verdad una había perdido la copa. Me sorprendió verla distinta a la guía, aunque eso tuvo su gracia. La que seguía en pie combinaba bien con la fachada de ladrillo rojo.

La construcción comenzó en 1822. La obra se detuvo por falta de fondos y la iglesia se terminó y consagró finalmente en 1852. Desde 1929 la administra la orden de los dominicos. Una iglesia que tardó treinta años en levantarse: oírlo te frena el paso, incluso en un viaje apurado.

Fachada de la Iglesia El Carmen
La Iglesia El Carmen, de ladrillo rojo. La palmera de enfrente llamaba la atención; en un pueblo de iglesias blancas, solo esta tiene otro color.

Iglesia El Calvario — un retablo turquesa

La tercera fue la Iglesia El Calvario. Frente al portón había un monumento curioso: una cruz que se eleva sobre un globo terráqueo azul. La cruz lleva una inscripción en latín: "JESUS CHRISTUS DEUS HOMO" (Jesucristo, Dios y Hombre).

Fachada de la Iglesia El Calvario y su monumento del globo
Iglesia El Calvario. El monumento del globo y la cruz de enfrente capta la mirada, bajo un campanario coronado por una cúpula roja.

Al entrar, me detuve en seco. Todo el retablo era turquesa, pintado de azul verdoso. Columnas blancas y molduras doradas, y al centro del retablo escalonado, una imagen de Jesús cargando la cruz con una túnica verde (el Nazareno). Para ser una iglesia de pueblo tan sencilla, solo este retablo resultaba extrañamente vistoso, y me quedé un rato mirándolo hacia arriba.

El retablo turquesa de la Iglesia El Calvario
El retablo escalonado pintado de azul verdoso, con el Nazareno de túnica verde en el centro. Blanco, oro y turquesa brillando en la penumbra del templo.

La escuela donde trabajaba un compañero

Tras las iglesias, visité la escuela primaria donde trabajaba un compañero voluntario, uno de los amigos que salieron de Japón el mismo año que yo y se repartieron por distintos países de Centroamérica.

Bajo un techo decorado con tiras de papel azul y blanco —los colores de la bandera de El Salvador—, los niños de uniforme blanco saltaban y corrían. Cuando apunté la cámara, se agolparon delante de ella, todos sonriendo. Uno saltó bien alto desde el suelo, con los dos brazos estirados hacia el cielo.

Cuando alguien grita "¡Lluvia!", los niños trepan todos a la vez para salir del suelo —a los escalones, bajo el techo—, como si mojarse fuera perder. El niño que había saltado tan alto un momento antes también estaba en ese juego.

Niños jugando en la escuela
Recreo: niños jugando en la tarima bajo el techo. El momento en que uno saltó bien alto.
Niños sonriendo a la cámara
Apuntas la cámara y se agolpan, sonriendo. Estas sonrisas fueron el mejor recuerdo del día.

Un amigo que había hecho la misma formación estaba aquí, en otro país, frente a estos niños día tras día. Solo por poder ver eso, valió la pena llegar hasta este pueblo.

Subí un volcán, recorrí las iglesias y conocí a los niños de un compañero voluntario. No fue un día de ninguna lista de guía turística.

De todos los pueblos que caminé en El Salvador, es este —Santa Ana— el que mejor recuerdo.

Guía de viaje (información general)

※ Esta sección combina información pública con notas del autor; confirma los datos de entrada, seguridad y horarios más recientes en los sitios oficiales.

La ciudad de Santa Ana

La "Cruz Céntrica" y tres iglesias

Notas para caminar

Referencias

¿Planeas un viaje a El Salvador? — Si vas a organizar volcanes, ruinas y un recorrido por las viejas ciudades coloniales (o una vuelta más amplia por Centroamérica), una buena guía de viaje ayuda mucho.

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Lugares de este viaje

1
Catedral de Santa Ana
La catedral neogótica en el centro del casco antiguo de Santa Ana. Torres gemelas blancas y una nave de columnas rosa y blanco.
2
Iglesia El Carmen
Un poco común exterior de ladrillo rojo. Iniciada en 1822, consagrada en 1852, administrada por los dominicos. A pocos pasos de la catedral.
3
Iglesia El Calvario
Lo más destacado son el monumento del globo y la cruz de enfrente y el retablo pintado de turquesa del interior.