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La Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA) señaló a El Niño como el factor climático más vigilado de 2026. El último boletín de la NOAA de Estados Unidos sitúa la probabilidad de formación entre mayo y julio en un 61%. En la Amazonía nororiental más seca, el norte de Brasil, Colombia y Venezuela, preocupan la propagación de incendios y la caída brusca del nivel de los ríos.

Qué significa el 61%

El Niño es un calentamiento de la temperatura del mar en el Pacífico tropical que trae sequía amplia a Sudamérica. La OTCA lo lee como un escenario de transición: lo más probable, un evento débil o moderado que dure hasta fin de año. La probabilidad de un evento de alta intensidad se estimó en cerca del 20% en el boletín de abril del CIIFEN. La idea de un El Niño récord no visto en 155 años se remonta a fuentes que pueden estar exageradas. Las cifras merecen una lectura serena.

Dicho esto, débil no significa sin impacto. Las anomalías de temperatura en el Atlántico tropical pueden alterar las lluvias amazónicas y ejercer una presión de sequía que supere el efecto del lado del Pacífico. El estado del suelo y la vegetación lo amplifica aún más.

Primero caen los ríos

Cuando baja la lluvia, primero baja el nivel de los ríos. Buena parte de la vida a lo largo de la cuenca depende del transporte fluvial, y el agua baja repercute directamente en lo cotidiano. En la gran sequía de 2023, niveles récord persistieron en afluentes del Amazonas; comunidades quedaron aisladas y costó hacer llegar alimentos y medicinas. La advertencia es que lo mismo podría llegar en la segunda mitad de 2026.

El riesgo de incendios se suma encima. Cuando la vegetación seca se junta con fuegos provocados para abrir tierra de cultivo, las llamas se propagan con facilidad. El gobierno de Lula impulsó la protección de la Amazonía rumbo a la COP30 (celebrada en Belém en 2025), pero, como muestra una inversión de 75 millones de dólares en la carretera BR-319, el tira y afloja entre desarrollo y protección continúa.

Hasta los árboles resistentes a la sequía empiezan a ceder

Lo que hace difícil a El Niño es que no actúa solo: se combina con el cambio climático de largo plazo. Un estudio publicado en Nature en mayo de 2026 mostró que la sequía inducida por la deforestación reduce el umbral climático de la Amazonía. Incluso especies de árboles que deberían resistir la sequía empiezan a ceder cuando coinciden el calor creciente y la lluvia decreciente. La OTCA pide a sus ocho Estados miembros construir sistemas de alerta temprana y reforzar la lucha transfronteriza contra el fuego. Empieza por leer con precisión las cifras que arroja el monitoreo.

Incluso un El Niño débil, sobre una tierra completamente reseca, puede convertir una chispa en un gran incendio.

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Fuentes

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