El 5 de junio, el Departamento de Estado de EE. UU. designó a las dos mayores organizaciones criminales de Brasil —el Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV, “Comando Rojo”)— como Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO) y Terroristas Globales Especialmente Designados (SDGT). Es la primera vez que grupos brasileños aparecen en la lista.
La sustancia y su efecto inmediato
Al ser designados SDGT, todos los activos que ambos grupos tengan dentro de la jurisdicción de EE. UU. quedan congelados. Para personas y empresas estadounidenses, brindar “apoyo material” se vuelve un delito federal, y los infractores quedan expuestos a procesamiento. Según el Departamento de Estado, el PCC y el CV suman decenas de miles de integrantes y han atacado de forma reiterada a policías, funcionarios y civiles en Brasil. Sus redes, afirma, cruzan fronteras y se extienden desde toda Sudamérica hasta Estados Unidos.
El rechazo de Lula y el riesgo para las empresas
El gobierno de Brasil calificó la designación de “injerencia indebida en los asuntos internos”. Mantiene su propio aparato de persecución, y el rechazo a que una potencia extranjera clasifique de forma unilateral a grupos internos es fuerte. El impacto corporativo tampoco es menor. Las empresas estadounidenses que operan donde el PCC tiene influencia deben verificar si su actividad podría leerse como “apoyo material”. Bancos extranjeros y operadores de infraestructura en Brasil enfrentan un momento de revisión de cumplimiento.
La conexión con la coalición “Escudo”
La medida encaja con el “Escudo de las Américas”, el marco de seguridad regional que el gobierno de Trump lanzó en marzo. Bolivia reautorizó en febrero las operaciones de la DEA estadounidense tras 18 años, y la violencia del crimen organizado también afloró en torno a la elección de Colombia. Si una etiqueta terrorista se traduce en menos crimen en el terreno es otra pregunta. El PCC nació en las cárceles de São Paulo, y los problemas estructurales del sistema de justicia penal de Brasil han sido su caldo de cultivo. Entre los expertos hay poco optimismo de que la presión externa por sí sola lo resuelva sin cambiar esa raíz.
Una etiqueta de “terrorismo” no cambia lo que una organización criminal es. Lo que se pone a prueba es lo que viene después.
Fuentes
- U.S. Department of State — state.gov
- InSight Crime — insightcrime.org
- PBS News — pbs.org
- White & Case — whitecase.com
- ACLED — acleddata.com
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