Los «sistemas nacionales de cuidados» de América Latina no los inventó una sola persona. La economía feminista hizo visible el cuidado no remunerado como trabajo económico; la CEPAL lo convirtió en una agenda regional compartida; Uruguay fue el primero en volverlo ley; y organismos como el BID (Banco Interamericano de Desarrollo) y la OPS (Organización Panamericana de la Salud) se sumaron. Es el producto de una convergencia de unas dos décadas. Sigamos el linaje.
Punto de partida: hacer «económico» el cuidado no remunerado
Empezó con la economía feminista y el movimiento de mujeres. El empeño era medir el cuidado no remunerado —las tareas del hogar, el cuidado— no como «amor gratis» sino como trabajo que sostiene la economía. Eso extendió por la región las encuestas de uso del tiempo (quién dedica cuántas horas al cuidado). Los números que hizo visibles —el cuidado no remunerado supera un quinto del PIB regional, en su mayoría a cargo de mujeres— se volvieron la base para tratar el cuidado como asunto de política.
La agenda regional de género de la CEPAL
El recipiente fue la «agenda regional de género» de la CEPAL y la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, cada tres años. El Consenso de Quito (2007) enmarcó el cuidado como «corresponsabilidad social» de toda la sociedad; las conferencias siguientes (Brasilia, Santo Domingo, Montevideo…) fueron madurando el término «sistemas integrales de cuidados». En 2021 la CEPAL y ONU Mujeres produjeron juntas «Hacia la construcción de sistemas integrales de cuidados en América Latina y el Caribe», ligado a la Alianza Global por los Cuidados que México y ONU Mujeres habían lanzado. Y desde 2022 la CEPAL levanta la «sociedad del cuidado» como modelo regional de desarrollo.
Uruguay fue la «primera implementación»
Uruguay fue el primero en volver institución la idea. En 2015, bajo el gobierno de izquierda del Frente Amplio y empujado por un fuerte movimiento de mujeres y la academia, legisló el primer sistema integrado de cuidados (SNIC) de la región. El primer puente de la idea a la institución se construyó aquí, y Uruguay se volvió el modelo que otros consultan.
Qué hacen los organismos: CEPAL, ONU Mujeres, BID, OPS
Hoy el impulso corre como una división del trabajo entre organismos. La CEPAL y ONU Mujeres aportan el concepto y los estándares (mirada de derechos y de género; corresponsabilidad entre Estado, mercado, comunidad y familia). El BID empuja con dinero y una lógica de «inversión» —lanzó un marco llamado «BID Cuida», presenta el cuidado no remunerado como «trabajo invisible que equivale a cerca del 21% del PIB regional, y por tanto objeto de inversión estratégica», y ha apoyado la política nacional de cuidados de México y el cuidado de personas con discapacidad en Uruguay—. La OPS lleva el lado del cuidado de largo plazo para una población que envejece rápido —bajo su «Década del Envejecimiento Saludable (2021–2030)», ha emitido guías para diseñar el cuidado de largo plazo como parte de la cobertura universal de salud (las personas mayores que necesitarán cuidado de largo plazo en las Américas se triplicarían hacia 2050)—. La OIT se ocupa del trabajo decente de las cuidadoras.
En resumen: la casa del concepto es la CEPAL y el feminismo; la primera implementación fue Uruguay; y el BID se sumó con financiamiento, la OPS con el cuidado de largo plazo de las personas mayores, y ONU Mujeres con la fijación de estándares.
Por qué nació en América Latina
¿Por qué una región que no es rica ni tiene Estados de bienestar fuertes terminó liderando en cuidados? Paradójicamente, ahí está la razón. Con tanto empleo informal, lo contributivo por sí solo deja afuera a muchos —así que la región se apoya en el cuidado no remunerado de la familia (de las mujeres) aún más que los países ricos, y tocó sus límites antes—. Súmese un fuerte movimiento de mujeres y la CEPAL como motor regional de políticas. La debilidad más un movimiento acumulado empujaron el cuidado hasta volverlo un problema público.
Conocer el linaje revela las preguntas
Un sistema nacional de cuidados no es una política improvisada; es el punto de llegada de una convergencia regional de dos décadas. Por eso mismo asoman las preguntas siguientes. Cómo conciliar el marco del «cuidado» de raíz feminista con el de «apoyo a la autonomía» de raíz CDPD. Cómo encajar la lógica de «inversión» del BID con la dignidad de las cuidadoras. Conocer la historia es una manija para esas preguntas.
Un sistema nacional de cuidados no es invención de nadie: es el producto de una convergencia regional de dos décadas.
Fuentes
- CEPAL, «Los cuidados en América Latina y el Caribe: Textos seleccionados 2007-2018» (el linaje de las políticas) — cepal.org
- CEPAL × ONU Mujeres, «Hacia la construcción de sistemas integrales de cuidados» (2021) — cepal.org
- BID, «IDB Cares / BID Cuida» — iadb.org
- OPS, «Cuidado de largo plazo (Long-term care)» — paho.org
- Uruguay, Sistema Nacional Integrado de Cuidados (SNIC) — igualdad.cepal.org
Este artículo es comentario y opinión del autor a partir de información pública. Confirme la cronología, fechas y cifras en las fuentes primarias de cada organismo. La cita se mantiene al mínimo y se indican las fuentes.