El humedal de Quilicura, en el borde norte de Santiago, es donde se concentra el mayor grupo de centros de datos de América Latina. Una marisma que antes hervía de aves acuáticas se ha secado de forma visible en los últimos años. Una de las causas es el gran volumen de agua subterránea que los centros de datos bombean para enfriar sus máquinas. Chile vive una megasequía récord desde hace más de 15 años, y hacia dónde se dirige la demanda de agua de la infraestructura de IA se ha vuelto una pregunta urgente sobre el terreno.
Un conglomerado sobre una marisma
Quilicura tiene hoy 33 centros de datos en funcionamiento y otros 34 en proyecto. Según una estimación de 2022 del activista Rodrigo Vallejos, solo las cuatro instalaciones principales del distrito podrían usar cerca de 1.500 millones de litros de agua al año. Google posee un derecho de agua para extraer 50 litros por segundo. Algunas proyecciones señalan que el consumo total de agua de los centros de datos de Chile podría llegar a 31.800 millones de litros para 2030 (estimación de prensa).
"Durante cinco años he visto secarse el humedal frente a mí", ha dicho Vallejos. El agua destinada a las aves compite con el agua destinada a enfriar servidores, extraída de la misma reserva subterránea. Al alinear estas cifras, lo que me impactó es que no se trata de un futuro lejano, sino de un cambio que ya está en marcha.
Un país donde el agua es propiedad privada
Las raíces del problema son profundas. La constitución de Chile, redactada bajo el gobierno de Pinochet, define el agua como propiedad privada. Es la única constitución del mundo que lo establece con tanta claridad. Como los derechos de agua se pueden comprar y vender en un mercado, las grandes empresas con recursos aseguran su acceso con más facilidad, mientras los vecinos y los pequeños agricultores suelen quedar rezagados en la competencia.
Como resultado, las negociaciones individuales por derechos de agua avanzan más rápido que cualquier respuesta unificada al problema estructural de la megasequía. La ley decide quién posee el agua, aun cuando el agua misma escasea. Esas dos cosas no necesariamente coinciden.
Donde la sequía y el auge de la IA chocan
El centro de Chile convive con la megasequía desde hace más de 15 años. Con el agua para la agricultura y para beber crónicamente escasa, el auge global de la IA empuja al alza la demanda de agua de los centros de datos. Un resumen ambiental sobre América Latina publicado por Carbon Brief el 3 de junio también señaló el uso de agua de las instalaciones de IA como un factor que enreda aún más los problemas hídricos de la región. El marco institucional para conciliar sequía e inversión tecnológica todavía no logra ponerse al día.
Que el agua se esté agotando y que la ley diga que el agua es de alguien no siempre apuntan en la misma dirección.
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Fuentes
- Inside the data center boom that's consuming Chile's last water – TechSpot — techspot.com
- Chile's megadrought evaporates wetlands as data center boom accelerates – The Cooldown — thecooldown.com
- The Fight Over Water, Power, and the Future of AI In Chile's Data Desert – LatinAmerican Post — latinamericanpost.com
- Cropped 3 June 2026: Highway through the Amazon / AI water use in LAC – Carbon Brief — carbonbrief.org
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