← Volver a Noticias de América Latina

[Actualización, 20 de julio de 2026] Este texto se escribió antes del balotaje. El 21 de junio, De la Espriella ganó por 49,66% frente a 48,70% y asume el 7 de agosto. La participación nacional llegó al 63,6% (abstención del 36,6%): la más alta desde que se instauró la segunda vuelta en 1998 y la primera vez desde ese año en que la abstención bajó del 40%. La preocupación planteada aquí por una abstención masiva provocada por la violencia no se reflejó, al final, en el conteo nacional. Cómo se comportó municipio por municipio en zonas rurales requiere un análisis aparte.

De cara al balotaje presidencial del 21 de junio en Colombia, se reportan amenazas y choques de grupos armados en todo el país. Por opuestas que sean las propuestas de los candidatos rivales, todavía hay zonas donde no está garantizada la premisa de fondo: un entorno de votación libre de violencia.

Quién combate a quién

Tras la primera vuelta del 31 de mayo, el balotaje es entre el ultraderechista Abelardo de la Espriella (43,7%) y el izquierdista Iván Cepeda (40,9%). Ambos sostienen posturas opuestas en seguridad. De la Espriella rechaza negociar con organizaciones criminales y subraya la presión militar; Cepeda busca continuar la línea de paz total que intentó impulsar el gobierno de Petro.

Los grupos armados responden de forma dispar

El Ejército de Liberación Nacional (ELN) declaró un alto el fuego unilateral para la elección. Pero el EMC y el EMBF, disidencias de las antiguas FARC, no acataron y siguen con actividad armada. El 3 de junio, el gobierno colombiano bombardeó una posición del EMC en Guaviare, lo que generó preocupación por el efecto en el entorno de votación justo después. ACLED, que monitorea el conflicto armado, registró en su panorama de junio que se produjeron choques letales antes de la elección.

Las zonas más peligrosas

En los departamentos de Cauca, Guaviare, Meta y Huila, varios grupos armados combaten al gobierno y a organizaciones rivales, lo que dificulta desplegar funcionarios electorales o mover votantes con seguridad. Las mesas urbanas fueron calificadas de tranquilas y transparentes por observadores internacionales, pero en el campo la historia es otra, donde la intimidación ha sido organizada y repetida. InSight Crime, que estudia elecciones y crimen organizado, lleva tiempo rastreando cómo los grupos armados usan las elecciones como moneda de cambio para el control territorial: presionan a los candidatos para que no hagan campaña en su territorio y luego inciden en la política tras la victoria.

La participación y la calidad de la democracia

La participación en las elecciones presidenciales de Colombia se ha movido históricamente en el rango del 50%, con una abstención que suele superar el 40% (en 2022: 54,9% en primera vuelta y 58,2% en el balotaje). La primera vuelta de 2026 llegó al 57,9%, alta para lo que va del siglo XXI. La abstención provocada por la violencia puede borrar con facilidad ese delgado margen de mejora, y puede inclinar el propio resultado. Cuántos votos rurales no llegarán a la urna en este balotaje es algo que solo el análisis posterior al conteo podrá mostrar. Pero algo puede decirse: antes de la pregunta de quién gana hay otra anterior — si una persona puede, siquiera, emitir con seguridad un solo voto.

Por opuestas que sean las propuestas de los candidatos, donde se ha roto la premisa de un "voto sin violencia", la libertad misma de elegir se va recortando.

📚 Para profundizar · Libros relacionados

¿Quieres profundizar en este tema? Encuentra libros relacionados en Amazon.

Buscar libros relacionados (Amazon) →

Este artículo contiene enlaces de afiliados de Amazon. Consulta nuestra Política de privacidad para más detalles.

Fuentes

※ Este artículo es un análisis del autor basado en información pública. Confirme los datos, fechas y procedimientos más recientes en fuentes oficiales y primarias. Las citas se mantienen al mínimo y se indican las fuentes.