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El dengue, transmitido por mosquitos, golpea una y otra vez a las Américas, América Latina incluida. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), 2023 marcó un récord de entonces con más de 4,1 millones de casos, y 2024 saltó a unos 13 millones —el triple—, el mayor brote desde que hay registros, en 1980.

El brote en números

En 2025 la región reportó unos 4,46 millones de casos sospechosos, 1,68 millones confirmados, 8.966 graves y 2.207 muertes, con una letalidad del 0,05%. En la semana epidemiológica 14 de 2026, los casos sospechosos fueron 745.736, o 74 por 100.000: un 65% menos que el mismo período del año anterior y un 67% por debajo del promedio de cinco años. La ola retrocede, pero circulan los cuatro serotipos, así que una gran ola podría volver en cualquier momento.

El cambio climático de fondo

El cambio climático está muy ligado a la expansión. Los cambios de temperatura y lluvia permiten que el mosquito llegue a zonas donde antes no persistía: mayores altitudes, meses fuera de temporada. El dengue ya no cabe en el marco de una enfermedad endémica tropical; es una infección cuyo mapa se amplía con el clima cambiante. En febrero de 2026 la OPS instó a los países a reforzar la vigilancia y la preparación.

Qué hacer "entre las olas"

Lo difícil del control de enfermedades infecciosas es el después. Cuando bajan los casos, bajan también la atención y los presupuestos. Pero si se afloja la guardia, la próxima ola empuja con fuerza. El control de criaderos, la capacidad de diagnóstico y atención, el acceso a cuidados que eviten la gravedad: todo debe construirse justamente en el valle.

Lo que siempre me parece más difícil del control de enfermedades es si los países logran seguir invirtiendo en la preparación en tiempos de calma. Cuando bajan los casos, el personal y los presupuestos se desvían a otra parte, y el trabajo poco vistoso —el diagnóstico, el control del mosquito, la difusión a la población— se va adelgazando. Sin embargo, que la próxima ola deje menos casos graves y menos muertes depende de la capacidad que se haya sostenido durante este valle. La calma de 2026 es una ventana para probar si los sistemas de salud de las Américas pueden prepararse para lo que viene.

Lo que preparas mientras la ola está baja decide cuán fuerte golpea la próxima.

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Fuentes

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