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Según el panorama mensual de América Latina y el Caribe (Latin America and the Caribbean Overview: July 2026) que ACLED (Armed Conflict Location & Event Data Project) publicó en julio, en la provincia ecuatoriana de Manabí se registraron en junio al menos 63 episodios de violencia del crimen organizado contra civiles. Es el mes con mayor número desde 2022, cuando ACLED comenzó a observar la violencia del crimen organizado en el país. Mientras el Gobierno de Daniel Noboa exhibe su mano dura, la cifra pone sobre la mesa una realidad: la seguridad de la zona, más bien, empeora.

Qué pasó

La cifra de 63 no cuenta un gran suceso aislado, sino la densidad misma de la violencia que se repitió en Manabí a lo largo de un mes. El panorama mensual de ACLED menciona el uso de explosivos, los disparos desde vehículos en movimiento y los bloqueos de vías con obstáculos, y señala que la violencia se ha vuelto más brutal.

Buena parte de las víctimas no responde a un enfrentamiento dirigido contra personas concretas, sino que se extendió arrastrando a la población. Manabí es una de las principales zonas agrícolas y turísticas de Ecuador, e incluye la capital provincial, Portoviejo, y pueblos de la costa. Una tierra que venía reconstruyéndose tras el gran terremoto de 2016 está hoy colocada en la primera línea del crimen organizado.

Contexto

Manabí fue conocida, de origen, como bastión de Los Choneros. El puerto de Manta y Puerto López son puntos neurálgicos de las rutas de narcotráfico de la costa del Pacífico, y controlar la vía de exportación de la cocaína se traduce directamente en ingresos para las organizaciones. Ser ciudades portuarias abiertas al mar convierte a esta región en un activo del que el crimen organizado no quiere desprenderse.

Quien disputa ese control en los últimos años es Los Lobos. Una organización que estuvo bajo el ala de Los Choneros se escindió, amplió su fuerza y, según la prensa, penetró en una amplia parte del país. Se estima que buena parte de la violencia registrada en junio es la resaca de esa «guerra por las rutas» entre las dos organizaciones, dirigida hacia el centro mismo de la vida ciudadana. Es un cuadro en el que la disputa por el control del puerto se traduce, sin más, en peligro para los barrios residenciales y las vías principales.

El punto

Desde que asumió, el presidente Noboa ha designado a 22 organizaciones criminales como grupos terroristas y ha repetido el «estado de excepción» que despliega militares en las calles. También se desarrollan operaciones conjuntas con Estados Unidos. La mano dura es un gesto visible, pero la cifra de junio en Manabí muestra que no se traduce en contener la violencia local.

La mano dura tiene un límite propio. Aunque se derribe la cabeza de una organización con capturas y operativos, mientras quede la estructura de ingresos aparecerá un sucesor. El informe de ACLED señala que el debilitamiento temporal de una organización, más bien, vuelve fluido el mapa de fuerzas y genera otro vacío violento. Cada vez que se hace caer una cabeza, empieza una nueva disputa por el territorio que queda libre.

Otro punto es la confianza en las fuerzas de seguridad. Hay informes que cuestionan el uso de la fuerza de la Policía Nacional contra civiles, y existe el riesgo de que los métodos de mano dura, al contrario, profundicen la desconfianza de la población hacia el Gobierno. Si el medio que debería contener la violencia va minando la confianza de a quienes debe proteger, la propia política puede girar en el vacío.

Mi punto de vista

23, 43 y luego 63. La curva de las cifras mensuales de Manabí, que se actualiza año tras año, es el registro del esfuerzo por la seguridad y, al mismo tiempo, el registro de que ese esfuerzo no alcanza. Lo que siento al seguir las noticias de seguridad de América Latina es la dificultad de que el relato de «un líder fuerte que golpea al crimen» no conduzca necesariamente a la seguridad sobre el terreno.

Si se debilita a una organización, estalla otra violencia por el territorio que queda libre. La designación como grupos terroristas y el estado de excepción pueden mover las cifras a corto plazo, pero mientras permanezca la base de ingresos —la demanda de droga y las rutas de transporte—, el volumen total de violencia no baja con facilidad. Cuanto más vive una región de la agricultura y el turismo, como Manabí, más pesada cae sobre ella la factura de estos enfrentamientos. Mientras el récord se sigue reescribiendo, la vida cotidiana de quienes habitan allí se va desgastando poco a poco. No se puede hablar de «resultados» dejando fuera esta mirada, creo.

Glosario

estado de excepción = medida que restringe temporalmente los derechos constitucionales y refuerza las facultades de militares y policía; el Gobierno de Noboa la ha decretado una y otra vez como política de seguridad. narcotráfico = tráfico de drogas; la disputa entre organizaciones por las rutas de transporte de la costa del Pacífico está detrás de la violencia en Manabí.

23, 43 y luego 63. El récord de las cifras mensuales de Manabí, que se reescribe cada año, es también, sin más, el registro del fracaso de la política de seguridad.

Fuentes

※ Este artículo es un análisis del autor basado en información pública. Confirme los datos, fechas y procedimientos más recientes en fuentes oficiales y primarias. Las citas se mantienen al mínimo y se indican las fuentes.