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En Brasil, junio es el mes de las Fiestas Juninas. Las fiestas de santos patronos católicos caen una tras otra: San Antonio el 13 de junio, San Juan Bautista el 24, San Pedro el 29. Por todo el nordeste, pueblo tras pueblo cobra vida durante esos tres días de santos. Campina Grande, en el estado de Paraíba, se proclama sede del “mayor San Juan del mundo”. La edición 2026 abrió el 5 de junio y se extiende 33 días, hasta el 3 de julio.

3,52 millones y una ciudad de forró

El municipio prevé más de 3,52 millones de visitantes en 2026, cerca de un 10% más que el año anterior. La sede es el Parque do Povo (“Parque del Pueblo”), en el centro. En días normales es apenas una plaza de 42.000 metros cuadrados; durante la fiesta se convierte en una ciudad propia. El impacto económico se calcula en unos R$800 millones, y una programación de más de 110 espectáculos incluye nombres como Roberto Carlos y Wesley Safadão.

El sonido de San Juan es el forró. Acordeón, zabumba (bombo) y triángulo: solo con esos tres instrumentos se sostiene la ritmo, que Luiz Gonzaga llevó por todo el país en los años cincuenta. Las letras hablan de la vida rural y el paso es ligero y rápido. Décadas de urbanización después, el forró sigue justo en el centro de la identidad cultural brasileña.

Un junio que coincide con el Mundial

Junio de 2026 tiene una segunda cara. El Mundial de la FIFA en Norteamérica (11 de junio–19 de julio) se solapa casi por completo con el fervor de las Fiestas Juninas. El público se reunirá ante las grandes pantallas para ver a Brasil, y una fiesta centenaria recoge la emoción del fútbol. Un junio en el que se puede disfrutar a la vez del forró y del partido es algo especial también para el visitante extranjero.

Caruaru, en Pernambuco, es la otra gran sede que disputa el título de “mayor del mundo”, con su propio calendario de 33 días. Pregúntele a cualquiera que creció en el nordeste en esta época a qué huele junio, y la respuesta será casi siempre petardos y buñuelos de bacalao. Las cifras de visitantes y las económicas se reescriben cada año. La textura de la nostalgia que hay debajo de ellas apenas se mueve.

Párese en el nordeste en junio y lo primero que le llega es la pólvora de los petardos y el olor del aceite de fritura. Antes que cualquier número, esa es la señal de que la fiesta ha empezado.

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Fuentes

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