En 2026, la Ciudad de México figuró entre las ocho ciudades del mundo en riesgo de llegar al "Día Cero", el punto en que el suministro de agua alcanza un umbral crítico. En esta megaciudad de unos 15 millones de habitantes, la mayoría de los residentes recibe agua entubada solo tres días a la semana, unas cuatro horas cada vez, y depende de camiones cisterna el resto del tiempo. La raíz del problema está en décadas de sobreexplotación del agua subterránea y en el hundimiento del terreno que provoca, con el cambio climático como acelerador.
El suelo se hunde y el agua desaparece
La Ciudad de México se asienta en una cuenca a 2.240 metros sobre el nivel del mar, una ciudad construida originalmente sobre el lecho de un lago. Siglos de sobreexplotación del acuífero (la capa subterránea que almacena agua) desde la época colonial han dejado el suelo hundiéndose sin pausa. Se reporta que algunos distritos descienden hasta 50 centímetros al año. Al bajar el terreno, las tuberías de agua y drenaje se deforman, aumentan las fugas y la eficiencia del suministro cae aún más, manteniendo en marcha un círculo vicioso.
La CONAGUA, la Comisión Nacional del Agua, es el organismo central encargado de gestionar y mantener el agua, pero su presupuesto se recortó alrededor de un 40 por ciento en 2025. Se ha informado de posibles recortes adicionales en 2026, lo que reduce drásticamente el margen para invertir en infraestructura. Si se observa cómo se reparte el suministro, unos 7 millones de personas tienen servicio las 24 horas, mientras que los 8 millones restantes se las arreglan con un sistema informal que depende de camiones cisterna y tanques de almacenamiento en las azoteas (tinacos). Esta doble estructura se superpone a la desigualdad de ingresos: cuanto más pobre es el hogar, más inestable es su acceso al agua.
El cambio climático como acelerador
Las precipitaciones en torno a la Ciudad de México se han vuelto más variables en las últimas décadas, con una tendencia a los extremos en que se alternan la sequía y las lluvias torrenciales. Una estación seca más larga reduce el almacenamiento de las presas y las instalaciones de captación, mientras que las lluvias intensas de la temporada húmeda desbordan un sistema de drenaje envejecido y provocan inundaciones. La infraestructura para asegurar el agua y la que sirve para desalojarla fallan al mismo tiempo, una paradoja.
Para 2026, varias agencias meteorológicas han pronosticado que El Niño desestabilizará los patrones de lluvia desde Centroamérica hasta el norte de México. Si la temporada de lluvias de este año es corta, existe la preocupación de que el ingreso de agua a los embalses caiga todavía más.
Qué hace falta para evitar la "bancarrota hídrica" urbana
Se han planteado varias soluciones técnicas: desarrollar fuentes de agua alternativas (trasvases regionales desde estados vecinos) para reducir la dependencia excesiva del agua subterránea, hacer obligatoria la captación y reutilización del agua de lluvia, y renovar las tuberías para frenar las fugas. Sin embargo, el mayor cuello de botella es el dinero. El costo de renovar la infraestructura se estima en miles de millones de dólares, y con el presupuesto de la CONAGUA a la baja, ningún esfuerzo logra alcanzar el ritmo necesario.
Dada la escala y el peso político de la ciudad, la crisis del agua de la Ciudad de México debería ser una de las máximas prioridades del gobierno de Sheinbaum. Sin embargo, los reportes describen que los gobiernos federal, de la ciudad y local, tres capas en total, siguen enfrentados por el reparto de responsabilidades. Mientras no se decide qué capa hace qué y con qué presupuesto, el acuífero sigue desapareciendo de manera constante.
Mi perspectiva
Lo que más me pesa al observar esta crisis es que se trata tanto de un problema de distribución como de infraestructura. Dentro de una sola ciudad de 15 millones, hay una división clara entre los 7 millones que pueden abrir un grifo y obtener agua en cualquier momento y los 8 millones que viven con unas pocas horas de suministro a la semana más los camiones cisterna. El descenso del nivel freático y el hundimiento del terreno deberían ser cargas que toda la ciudad comparte por igual, pero en la práctica recaen con más fuerza sobre quienes no pueden permitirse comprar agua. Antes de los debates sobre tecnología y asignación de presupuesto, creo que hay que mirar de frente este desequilibrio.
El otro peligro es lo lentamente que avanza la crisis. No es un desastre que se vuelve visible en un instante como un terremoto o una inundación; el suelo se hunde unas decenas de centímetros cada año y el acuífero se adelgaza en silencio. Justamente por eso le cuesta subir en la agenda política y por eso se mantienen los compartimentos de la burocracia. Pero el punto crítico, el Día Cero, está con seguridad al final de esa línea "lenta". Si se logra destinar fondos a los trasvases regionales, al uso del agua de lluvia y a la renovación de tuberías mientras aún hay tiempo, la decisión de la Ciudad de México debería convertirse en un precedente para las grandes ciudades del mundo que enfrentan el mismo hundimiento y la misma escasez.
Glosario
Día Cero (Day Zero) = el término para el día crítico en que el suministro de agua de una ciudad prácticamente se detiene; se difundió durante la crisis de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. acuífero = la capa geológica que almacena agua subterránea; sobreexplotarla causa el hundimiento del terreno. tinaco = un tanque doméstico de almacenamiento en la azotea, un elemento esencial de la vida diaria en zonas donde el suministro es poco fiable.
Una realidad en que 15 millones de personas organizan su vida en torno a cuatro horas de agua es un problema de infraestructura y, en igual medida, de distribución.
Fuentes
- Mexico: Country Water Resources | Climate Scorecard — climatescorecard.org
- Water Crisis 2026: 8 Cities Running Out of Water | The Board World — theboard.world
- Mexico City faces water crisis | The Week — theweek.com
- Climate shocks accelerating as El Niño threat looms | UN News — news.un.org
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