Cerca de 470 millones de personas en el continente americano —dos de cada cinco habitantes de la región— viven con una discapacidad causada por al menos un trastorno neurológico o una lesión del sistema nervioso, según un estudio publicado el 22 de julio de 2026 en The Lancet Regional Health – Americas. Encabezado por investigadores de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el estudio se basó en datos del Global Burden of Disease Study 2023 para analizar 19 enfermedades y afecciones neurológicas en 38 países y territorios.
La cifra de 470 millones supera la población conjunta de Estados Unidos y México. Como dato epidemiológico, es una magnitud que conviene leer como un problema cercano a cualquiera.
La mortalidad baja, pero aumentan quienes viven con discapacidad
Entre 1990 y 2023 descendió la mortalidad ajustada por edad atribuible a los trastornos neurológicos. La mejora de la tecnología médica y la difusión de la prevención hicieron que más personas sobrevivieran a episodios agudos graves. Pero ese avance genera otro desafío: aumentan los sobrevivientes que conviven con secuelas y necesitan apoyo durante años, lo que amplía la demanda de rehabilitación, productos de apoyo y cuidados de larga duración.
Según el estudio, en 2023 estas afecciones causaron unas 1,1 millones de muertes y la pérdida de 37,5 millones de AVAD (años de vida ajustados por discapacidad). Los AVAD combinan mortalidad y discapacidad en un solo indicador y hacen visibles los estados que no provocan la muerte pero limitan gravemente la vida cotidiana. Las afecciones más prevalentes son la migraña y la cefalea tensional, mientras que en carga de discapacidad a la migraña le siguen las demencias, como la enfermedad de Alzheimer, y el accidente cerebrovascular. Las brechas entre países son amplias: la carga en Haití, Guyana y Surinam, los más afectados, es unas cuatro veces mayor que en Colombia, Perú y Argentina, los menos afectados.
Buena parte de la carga responde a factores de riesgo prevenibles
El estudio subraya otro punto: una parte considerable de la enfermedad neurológica está vinculada a factores de riesgo prevenibles. La hipertensión arterial, la hiperglucemia, la obesidad, el tabaquismo y la exposición al plomo y a la contaminación del aire guardan una fuerte asociación con el ictus y la demencia. En América Latina son notorias la expansión de los alimentos ultraprocesados y la caída de la actividad física asociada a la urbanización, y esos riesgos se están acumulando para la próxima generación.
Lo que determina la gravedad de la discapacidad resultante es el acceso a la rehabilitación y a los productos de apoyo y las tecnologías asistivas. Que una persona con secuelas de un ictus pueda iniciar la rehabilitación de forma temprana y disponer de las ayudas técnicas adecuadas cambia enormemente su grado de reincorporación a la vida comunitaria. Un informe aparte de la OPS publicado el 20 de julio —una encuesta en diez países sobre el acceso a la salud de las personas con discapacidad— halló que estas personas tienen hasta un 45% menos de probabilidades de recibir atención para enfermedades cardiovasculares y diabetes, y un 33% menos de acceder a servicios de tamizaje como la prueba del VPH. El manejo de las secuelas neurológicas y de la discapacidad posterior se sitúa en esa misma línea de desigualdad.
Los sistemas de salud ante el reto del apoyo a largo plazo
La respuesta a los trastornos neurológicos no termina con la atención aguda. La rehabilitación de las secuelas del ictus y del traumatismo craneoencefálico, el apoyo domiciliario en la demencia, el manejo farmacológico continuo de la epilepsia: todo ello exige sistemas capaces de prestar atención sanitaria y social de manera prolongada y sin interrupciones. Es un ámbito en el que resultan imprescindibles el fortalecimiento de la atención primaria y los modelos de cuidado de base comunitaria (la reforma de la atención primaria en América Latina la tratamos en un artículo anterior).
La mirada del autor
En Japón, cuando un ictus deja a alguien con dificultades para caminar, existe un relevo de sistemas —imperfecto, pero real— que va de la rehabilitación cubierta por el seguro médico al seguro de cuidados de larga duración, y de ahí a la Ley de Apoyo Integral a las Personas con Discapacidad y al sistema público que subvenciona prótesis y órtesis. En muchos países de América Latina, la segunda mitad de ese relevo —la rehabilitación en la fase comunitaria y la provisión pública de productos de apoyo— o no está regulada o es financieramente frágil. Que exista o no un mecanismo para sostener lo que viene después de sobrevivir a la fase aguda separa por completo la vida de dos personas con la misma afección.
Cuando visité un centro especializado de rehabilitación en Costa Rica, lo que más me impresionó no fue el nivel asistencial dentro del edificio, sino la distancia que había que recorrer para llegar hasta él. Quien puede desplazarse al centro especializado de la capital y quien vive en un pueblo del interior. Aunque sobre el papel ambos estén protegidos por el mismo seguro público (CCSS), era la desigualdad geográfica de acceso la que decidía en la práctica quién recibía rehabilitación. Muchos de los 470 millones de personas que refleja esta estimación son, estadísticamente, "población objetivo de los servicios", pero en la realidad quedan fuera del alcance de las distancias y de las listas de espera.
Los indicadores que conviene vigilar son los datos nacionales sobre la dotación de personal de rehabilitación y el estado de los sistemas públicos de provisión de productos de apoyo y ayudas técnicas. La OPS ha señalado reiteradamente la escasez de profesionales de rehabilitación y, combinada con esta estimación de carga de enfermedad, ofrecería una base numérica para medir la brecha entre demanda y oferta. Ya tenemos la estimación de la demanda; lo siguiente son las cifras de la oferta.
Glosario
AVAD (años de vida ajustados por discapacidad, DALYs en inglés) = indicador de salud que suma las pérdidas por muerte prematura y por discapacidad. GBD (Global Burden of Disease) = proyecto internacional de investigación que estima la carga mundial de enfermedad. OPS (Organización Panamericana de la Salud) = oficina regional de la OMS para las Américas. CCSS = Caja Costarricense de Seguro Social, la institución que gestiona la sanidad pública de ese país.
A medida que mejora la supervivencia, la pregunta pasa a ser cómo sostener los años que se viven con discapacidad.
Fuentes
- Two in five people in the Americas live with a neurological disorder, new study finds | PAHO/WHO — paho.org
- About 470 million people in Americas have neurological disorders: WHO Report | Gazette NGR — gazettengr.com
- Disability inclusion in health systems and emergency management remains uneven across Latin America and the Caribbean | PAHO/WHO — paho.org
- Disability Inclusion in Health Systems Remains Uneven Across Latin America and the Caribbean | fundsforNGOs — news.fundsforngos.org
※ Este artículo es un análisis del autor basado en información pública. Confirme los datos, fechas y procedimientos más recientes en fuentes oficiales y primarias. Las citas se mantienen al mínimo y se indican las fuentes.
Crónicas de viaje por este país
También recorrí Costa Rica en persona — la serie empieza aquí.