El 6 de julio, coincidiendo con el «Día Mundial de las Zoonosis» (World Zoonoses Day), cuatro organismos internacionales —la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), la WOAH (Organización Mundial de Sanidad Animal), la OPS/OMS (Organización Panamericana de la Salud) y el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente)— firmaron una declaración conjunta para reforzar su compromiso con el enfoque de Una Salud en las Américas. Es una declaración que propone no separar la salud de las personas, los animales y el medioambiente, sino cuidarla como un solo sistema. Se dice que es la primera vez que estos cuatro organismos alinean así sus pasos en América Latina y, para quien, como yo, sigue de cerca los temas de salud y salud pública, se ve como un paso discreto pero firme.
Qué pasó
La firma se realizó justamente el Día Mundial de las Zoonosis, una fecha instituida para volver a poner la mirada en las enfermedades que comparten animales y personas. Que la FAO (alimentación y agricultura), la WOAH (sanidad animal), la OPS/OMS (salud humana) y el PNUMA (medioambiente) —cuatro organismos con ámbitos de trabajo completamente distintos— aparezcan en un mismo documento es, creo, lo esencial de esta declaración. Es la señal de una voluntad: construir una estructura para abordar de forma conjunta problemas que se escaparían si se mirara solo la medicina humana, solo el ganado o solo el ambiente.
La declaración no se limita a las zoonosis. Los riesgos para la seguridad alimentaria, la resistencia a los antimicrobianos (RAM), el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación ambiental y la degradación de los ecosistemas figuran, todos, como desafíos transversales que se encadenan entre sí. La idea es no golpear cada enfermedad una por una, sino revisar el terreno que las genera. Ya hay movimientos a nivel nacional: en junio, Uruguay anunció que reforzaba, bajo el marco de Una Salud, su preparación nacional frente a la influenza aviar (H5N1). La declaración también sirve para respaldar, desde la región en su conjunto, esos esfuerzos individuales.
Contexto
Detrás de la expresión «Una Salud» hay algunas cifras. Se estima que cerca del 60% de las enfermedades infecciosas humanas son zoonosis de origen animal, y que alrededor del 75% de las enfermedades emergentes se originan en la fauna silvestre o el ganado. Es decir, aunque se atienda solo del lado humano, la fuente de infección permanece del lado de los animales y del ambiente. Vigilar, responder y prevenir tratando a personas, animales y medioambiente como un solo círculo: esa es la idea que está en el centro de Una Salud.
Si miramos hacia las Américas, solo las enfermedades transmitidas por alimentos se cobran unas 78.000 vidas al año, parte de los 1,5 millones de muertes por esa causa en el mundo. Además, América Latina, incluida la Amazonía, es una región donde avanzan la deforestación y la pérdida de biodiversidad. Cuanto más se abre el bosque, más se acorta la distancia con la fauna silvestre con la que antes no había contacto, y más aumentan las puertas de entrada de nuevas enfermedades hacia las personas. El límite de resolver la vigilancia epidemiológica solo del lado humano quedó dolorosamente confirmado también con la pandemia. Detrás de la declaración está esta conciencia compartida: «mirando solo a las personas, no se llega a tiempo».
El punto
La declaración como principio es importante, pero la verdadera dificultad empieza más adelante, en la fase de implementación. En América Latina persiste una fuerte compartimentación —la medicina humana, la sanidad animal y la gestión ambiental funcionan cada una con su propia dependencia, su propio presupuesto y su propio sistema de información— y los expertos señalan que crear un mecanismo real para compartir datos en el terreno no es, en sí, nada fácil. Aunque los cuatro organismos firmantes alineen sus pasos aguas arriba, no está garantizado que esa articulación se reproduzca tal cual dentro de cada país.
Otro punto es la desigualdad dentro de la región. En las zonas rurales y remotas alejadas de las ciudades, el acceso a la propia atención médica ya es limitado y resulta difícil que llegue la mirada de la vigilancia. Si se trata de una vigilancia que abarque también a los animales y el ambiente, más aún: donde más escasean los recursos, más fácil es que surja un «vacío invisible». Que los cuatro organismos se unan debería facilitar la coordinación de presupuestos y asistencia técnica, pero la prueba de fuego de aquí en adelante será hasta dónde se preparen planes de acción nacionales concretos y el financiamiento que los sostenga. La declaración es un punto de partida, no de llegada.
Mi punto de vista
Desde la posición de quien ha investigado el entorno de la seguridad social —empezando por el sistema de subsidios para dispositivos de apoyo—, lo que más me preocupa en el debate sobre Una Salud es «quién queda primero atrás». Las enfermedades infecciosas parecen caer por igual sobre cualquiera, pero, en la práctica, las personas con discapacidad o con enfermedades crónicas tienen mayor riesgo de agravarse y les cuesta más realizar acciones como consultar o evacuar. Cuanto más fácil es caer por los huecos de la red institucional, antes y con más peso se recibe la ola de las epidemias. Precisamente al dibujar un marco tan amplio como el de personas, animales y medioambiente, se pone a prueba si se logra incluir de forma explícita a «las personas en situación vulnerable» que están dentro de él.
Al recordar mis días viviendo en Costa Rica, siento que la fortaleza de la salud en América Latina se sostenía menos en la vistosidad del sistema que en aquello que las trabajadoras de salud comunitarias y el personal de terreno han hilado como relación de persona a persona. También por mi experiencia como fisioterapeuta atendiendo a personas con discapacidad, la clave termina siendo cómo tejer, en el diseño de la vigilancia y la prevención, las circunstancias de cada persona que el promedio estadístico no deja ver. La mirada transversal de Una Salud, llevada al extremo, tiene un alcance que puede llegar hasta «la protección de las personas socialmente vulnerables, incluidos los animales y el ambiente». Poder traducir esta declaración conjunta —sin que quede en un apretón de manos entre organismos especializados— en un mecanismo que llegue al punto más frágil: ahí es donde quiero seguir mirando.
Glosario
Una Salud = «One Health» en español; literalmente «una salud», designa el enfoque que concibe, sin separarlas, la salud de las personas, los animales y el medioambiente. zoonosis = enfermedad transmisible entre animales y personas; el concepto del que parte esta declaración. vigilancia = la vigilancia epidemiológica; en la lucha contra las enfermedades es la base que determina con cuánta rapidez se detecta una anomalía.
Las enfermedades infecciosas cruzan la barrera de las especies. Si es así, las medidas también deben cruzar la barrera de las especies.
Fuentes
- Joint Declaration reinforces commitment to the One Health approach in the Americas (OPS/OMS, 2026-07-06) — paho.org
- Joint declaration reinforces commitment to One-Health approach in the Americas (Guyana Chronicle, 2026-07-07) — guyanachronicle.com
- Uruguay is promoting national preparedness for zoonotic avian influenza from a One Health approach (OPS, 2026-06-18) — paho.org
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