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Con un crecimiento del PIB de América Latina que se espera estancado entre 2,1 y 2,2 por ciento, Perú avanza en silencio. El PIB real creció 3,68 por ciento interanual en febrero de 2026 y superó el consenso de 3,1 por ciento recopilado por Reuters. El Banco Mundial proyecta 3,1 por ciento para todo el año; el FMI, 2,8 por ciento. Cualquiera de las cifras queda casi un punto por encima del promedio regional. Sin aspavientos, solo resultados constantes.

Qué sostiene el crecimiento

Los motores son el comercio minorista y los servicios, junto con la inversión privada. Solo la inversión privada subió 10 por ciento en 2025, el ritmo más rápido desde 2013 si se descarta el rebote pospandemia. Detrás hay dos fuerzas: el alza de los precios internacionales del cobre y el oro, y los proyectos de infraestructura que no se detuvieron. Perú es el segundo productor mundial de cobre y plata, y el séptimo de oro. Cuando los metales suben, la ganancia llega casi directa a la economía.

Por dentro del auge

En su declaración del Artículo IV del 25 de marzo, el FMI elogió el desempeño y añadió una advertencia. Los altos precios de los metales atraen no solo a operadores legales, sino también a los ilegales. La minería ilegal se expande con rapidez tanto en cobre como en oro, y el FMI señaló que la ambigüedad regulatoria sigue sin abordarse, lo que permite a los operadores ilegales crecer con impunidad.

La minería ilegal no es solo una cuestión de orden público. La primera tierra que se invade suele pertenecer a comunidades indígenas de los Andes y la Amazonía. Súmese a eso el mercurio que contamina los ríos, y la agricultura y la pesca reciben el golpe. Más allá del 3,68 por ciento del titular, un costo silencioso sigue acumulándose.

Dónde no llegan las cifras

El crecimiento de Perú tiende a concentrarse en Lima y sus alrededores. En la sierra andina y la Amazonía, la pobreza sigue alta y la bonanza llega tarde, cuando llega. El FMI marcó la desigualdad regional como uno de los desafíos del país. Los lugares donde se extrae el metal y los lugares que cosechan el beneficio están muy distantes, una contradicción conocida en cualquier economía de recursos.

El cobre sale de la tierra. Quienes viven en esa tierra no son los primeros en beneficiarse.

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Fuentes

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