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En junio de 2026, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) publicó su última previsión y situó la probabilidad de que se desarrollen condiciones de El Niño en el Pacífico en un 80% para junio-agosto y en un 90% a partir de entonces. Casi todos los modelos internacionales apuntan a un evento «fuerte» o mayor, y el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea (JRC) advierte que, en su escenario más extremo, el episodio podría superar cualquier precedente histórico. América Latina, donde los riesgos de sequía e inundación se entrecruzan, es una de las regiones más expuestas.

Qué es seguro y qué es solo posible

Lo primero que conviene distinguir es el grado de certeza. Lo que dio la OMM es una probabilidad: 80% para junio-agosto y hasta 90% después. El anterior episodio de El Niño, en 2023-24, figuró entre los más fuertes registrados, pero si este lo superará y alcanzará un «nivel 1997-98, o mayor» es, por ahora, una cuestión de pronóstico y posibilidad. El propio análisis del JRC emplea un lenguaje matizado —«una probabilidad muy alta de ser muy fuerte e incluso de convertirse en un evento sin precedentes»— en lugar de una afirmación tajante. El clima se discute mejor en probabilidades, y es importante no confundir el peor escenario con el más probable.

Dónde se seca y dónde se inunda

El Niño no afecta a América Latina de forma uniforme. Por regla general, Centroamérica (El Salvador, Guatemala, Honduras y otros) y los Andes del norte, incluidos Colombia y Ecuador, ven aumentar el riesgo de sequía, mientras que el sur de Brasil, Uruguay, Paraguay y el noreste de Argentina tienden a registrar mayor riesgo de lluvias excesivas e inundaciones. Un mismo «El Niño» puede exigir preparativos opuestos: contra la sequía en un país y contra las inundaciones en otro.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) ya han dado la voz de alarma sobre los riesgos para la seguridad alimentaria en el «Corredor Seco» de Centroamérica, con un llamamiento de acción anticipatoria que rige desde junio de 2026. En esta franja de pequeños agricultores, una sola cosecha perdida puede significar el derrumbe de un medio de vida y convertirse en factor de expulsión migratoria. El JRC señala a Ecuador, Venezuela y Haití como casos en los que la sequía se sumaría a crisis preexistentes y agravaría el panorama humanitario.

El «regreso del riesgo» del Canal de Panamá

El Canal de Panamá es un caso de manual de una noticia climática que se convierte en económica. Durante El Niño de 2023-24, el nivel del lago Gatún, fuente de agua del canal, cayó en un momento a unos 79-80 pies. La autoridad redujo el tránsito habitual de unos 36 buques diarios a 24 y endureció los límites de calado (cuánto se hunde un barco). El episodio dejó una huella clara en los costos del transporte marítimo mundial y en las cadenas de suministro.

Después llegaron las lluvias y el lago Gatún se recuperó hasta cerca de su nivel máximo. La autoridad del canal informó que los ingresos del año fiscal 2025 (FY2025) alcanzaron unos 5.700 millones de dólares, un 14,4% más que el año anterior, con los tránsitos también en clara recuperación. Por eso, ante esta previsión de alta probabilidad, los mercados vuelven a incorporar el «riesgo Canal de Panamá». Cuando los medios marítimos volvieron a fijar la atención en el canal en abril de 2026, a raíz del «El Niño Watch» de la NOAA estadounidense, fue señal de esa misma inquietud. Incluso un El Niño moderado podría tensar el balance hídrico de la temporada de lluvias lo suficiente como para disparar el precio de los cupos de tránsito prioritario.

Una reacción en cadena en alimentos, agua y energía

El impacto no se detiene en el canal. Muchos países latinoamericanos —Colombia, Brasil, Paraguay, Perú— dependen de la hidroelectricidad para buena parte de su electricidad, de modo que la caída del caudal de los ríos suele traducirse directamente en crisis eléctricas. Durante El Niño de 2023-24, tanto Colombia como Ecuador impusieron restricciones al uso de electricidad y cortes programados.

Con la agricultura ocurre lo mismo. El café de Colombia y el cacao de Ecuador son sensibles a las oscilaciones de las lluvias, y las malas cosechas se propagan a los precios internacionales de las materias primas. Brasil, por su parte, podría cargar al mismo tiempo con el riesgo de sequía en el norte y el este y el de lluvias intensas en el sur. El Niño no se presenta como un único episodio de mal tiempo, sino como un riesgo compuesto que enlaza agua, alimentos y energía.

La mirada del autor

Lo que más me llama la atención de esta noticia no es la frase del titular —«quizá el más fuerte registrado»— sino el reparto que hay detrás de esa probabilidad: a qué sociedades golpea con más dureza. La misma sequía significa algo muy distinto en una sociedad con riego, reservas y margen para resistir los cortes de luz que en otra donde un agricultor pierde su medio de vida con una sola cosecha fallida. Que la FAO y el JRC nombraran tan pronto el «Corredor Seco» y a países ya en crisis se debe, sospecho, a que saben que el daño no lo decide solo la fuerza del clima, sino la vulnerabilidad social.

Por eso prefiero no dejarme arrastrar demasiado por la pregunta de récord: «¿superará a 1997-98?». Lo que importa es temer correctamente el peor escenario y, a la vez, dejar que cada país actúe con antelación dentro del rango más probable. El Niño es un fenómeno climático, pero también es una prueba que revela la preparación de una región y sus desigualdades; y esa, creo, es la manera sana de leer esta advertencia.

Glosario

El Niño es el fenómeno por el cual la temperatura de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial oriental se vuelve más cálida de lo normal, alterando el clima en todo el mundo durante meses. La fase opuesta de enfriamiento se llama La Niña, y juntas se conocen como ENSO (El Niño-Oscilación del Sur). El Corredor Seco es la franja agrícola propensa a la sequía que se extiende de Guatemala a Nicaragua, y con cada El Niño se convierte en la primera línea de la crisis alimentaria.

El Niño es un fenómeno climático, pero también una prueba que revela la preparación de una región y sus desigualdades.

Fuentes

※ Este artículo es un análisis del autor basado en información pública. Confirme los datos, fechas y procedimientos más recientes en fuentes oficiales y primarias. Las citas se mantienen al mínimo y se indican las fuentes.