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El 1 de julio, el presidente Donald Trump volvió a declarar que Estados Unidos "no dejará que China se quede con el Canal de Panamá". Frases de este tipo se repiten desde antes de que asumiera el cargo, pero esta vez la reafirmación llegó en plena campaña de presión china de retención de buques de bandera panameña, y el nivel de tensión subió un peldaño. Más que el canal en sí, quiero releer, desde el lado latinoamericano, el pulso entre EE.UU. y China que se libra a su alrededor y la posición cada vez más acorralada en que deja a Panamá.

Qué pasó

El detonante de este choque fue un fallo de la Corte Suprema de Panamá. El tribunal declaró inconstitucionales los derechos de operación portuaria que la conglomerada hongkonesa CK Hutchison tenía en ambos extremos del canal. Pekín reaccionó con dureza a la decisión, y la Oficina de Asuntos de Hong Kong y Macao de China la denunció en términos feroces como "absurda" y "vergonzosa".

Como represalia, China dio el paso inusual de retener buques de bandera panameña en sus propios puertos. Según la Comisión Marítima Federal de EE.UU. (FMC), el número de naves retenidas superó las 70 y fue calificado de "muy por encima de los niveles históricos". El Gobierno de Panamá lo interpretó como una vulneración de su soberanía y, mientras busca una salida diplomática, se inclinó de hecho más hacia Estados Unidos. El "no lo entregaremos" de Trump se lanzó justo en medio de esta tensión.

Contexto

China, por su parte, respondió de frente a la frase de Trump. La embajada china dijo que "Estados Unidos debería reflexionar profundamente sobre su propia actitud coercitiva", y la tesis constante de Pekín es que "China nunca ha participado de ninguna manera en la gestión ni la operación del Canal de Panamá". Sostiene con firmeza que CK Hutchison es una empresa privada independiente del Gobierno chino y que presentar los negocios de una compañía como una toma de control nacional va en contra de los hechos.

El medio chino Global Times enmarcó el discurso de Washington como "retórica política", señalando que los círculos empresariales y los principales medios latinoamericanos también rechazan la expresión "China se queda con" el canal. De hecho, son fuertes las voces del empresariado panameño que no quieren dañar los lazos comerciales con China, y aquí convive un sentimiento de "defender la soberanía" con un cálculo de "proteger los intereses". Lo que invoca Pekín es la lógica de la "injerencia en asuntos internos": la operación portuaria es un asunto entre una empresa privada y la justicia de un país, y EE.UU. no tiene por qué intervenir.

El punto

Para Panamá, este es un problema de soberanía y, a la vez, un apremiante problema económico. China es uno de los socios comerciales importantes de Panamá y, si las retenciones de buques se prolongan, el daño real a los operadores navieros y logísticos se acumula día a día. Por otro lado, los lazos de Panamá con Estados Unidos son históricamente profundos, y la neutralidad del canal es un pilar de la identidad misma del país. Se favorezca a un lado, se resiente el otro. Ese es el marco en que Panamá queda atrapado.

La posición de Panamá —incapaz de alinearse por completo con EE.UU. o con China— es también un microcosmos de la encrucijada geopolítica que enfrentan muchos países de América Latina. Cuando la administración Trump intenta ejecutar una versión moderna de la Doctrina Monroe, administrando su "patio trasero", la pregunta que surge es una vieja y a la vez nueva: ¿hasta dónde se protege realmente la soberanía de cada nación? El canal es físicamente de Panamá, pero en cuanto a quién decide el orden que pasa por él, la historia no se agota en Panamá sola.

Mi punto de vista

Al observar América Latina durante mucho tiempo, vuelve a mi memoria la historia de una región convertida una y otra vez en escenario de las disputas de esferas de influencia entre grandes potencias. El canal es algo así como su símbolo. Lo que más en serio me tomo de este episodio es que el sentido de que se detengan barcos ha llegado a exceder un mero problema logístico. La cifra de 70 naves es una anomalía en las estadísticas comerciales y, a la vez, parece plantear la pregunta "¿a qué orden obedecerá tu país?" sobre los puertos de Panamá en forma de carga.

Y esta encrucijada no es solo de Panamá. Una doble estructura —aceptar inversión china en puertos e infraestructura sin poder ignorar los lazos con Estados Unidos en seguridad y diplomacia— es algo que cargan, en distinto grado, muchos países desde Centroamérica hasta el Caribe y Sudamérica. Por eso siento que sería un desperdicio leer este pulso solo como una historia de "Trump contra China". El verdadero sujeto, creo, son los propios países latinoamericanos, cada uno tratando de ampliar aunque sea un poco su margen para elegir en medio.

Glosario

soberanía = la potestad soberana. Palabra que Panamá invoca una y otra vez a propósito del canal y de las retenciones de buques, y concepto en el núcleo de la política de la región. neutralidad = la condición de no tomar partido. La neutralidad permanente del canal está ligada a la identidad de Panamá y funciona como escudo para no quedar plegado unilateralmente ni al orden estadounidense ni al chino. injerencia = intromisión (en asuntos internos). La lógica que usa Pekín al criticar la conducta de EE.UU., con el matiz de "no te metas en la justicia ni en el comercio de otro país".

Cuando 70 barcos quedan detenidos en puerto, ya no es una cuestión de comercio, sino una prueba de a qué orden vas a obedecer.

Fuentes

※ Este artículo es un análisis del autor basado en información pública. Confirme los datos, fechas y procedimientos más recientes en fuentes oficiales y primarias. Las citas se mantienen al mínimo y se indican las fuentes.