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Los recortes del presupuesto federal bajo la administración Trump golpean de lleno la investigación en salud pública de América Latina. En 2025, USAID canceló más de 5.300 subvenciones y contratos. La financiación perdida suma, según los datos, unos 27.000 millones de dólares. Un comentario de 2026 en The Lancet Regional Health – Americas advirtió de que estos recortes amenazan la investigación en salud pública y la equidad sanitaria de la región, y abordó de frente la raíz del problema.

La profundidad de la dependencia, en cifras

La investigación en salud pública de América Latina lleva años apoyada en el dinero federal estadounidense. Buena parte del trabajo sobre el VIH, la tuberculosis y las enfermedades tropicales desatendidas (ETD) ha funcionado con fondos estadounidenses canalizados por los NIH y USAID. El problema no se detiene ahí. Hasta la elección de qué se estudia y qué se posterga se ha inclinado hacia los intereses de quien financia. Estos recortes no son la historia de un presupuesto menor. Dejan al descubierto un sistema que ha decidido las prioridades de investigación desde fuera.

A escala global, las cifras de la retirada de USAID son aún mayores. Un estudio estimó que, si los recortes continúan de 2025 a 2030, causarían más de 14 millones de muertes adicionales en todo el mundo, 4,5 millones de ellas niños menores de cinco años. Cuanto más frágil es la infraestructura sanitaria de un país, más pesado es el golpe.

Una receta: dejar de depender

El comentario de The Lancet hace algo más que describir la gravedad de la crisis. Si el dinero externo controla las prioridades de investigación, sostienen los autores, la región debe reconstruir su propia agenda con fondos propios. Los primeros movimientos ya están aquí. Brasil presentó un Plan de Acción de Salud de Belém en la COP30, en noviembre de 2025, sobre tres pilares: vigilancia, formulación de políticas e innovación en torno a la adaptación al cambio climático y la salud. La OPS publicó orientaciones de política en 2026 sobre el envejecimiento y el desarrollo de los sistemas de cuidados. Los organismos regionales intentan levantar una base propia que sustituya al dinero externo.

Un corte de la financiación a la investigación es algo más que una caída en el número de artículos publicados. Ya sea en la lucha contra el VIH, la tuberculosis y las enfermedades tropicales desatendidas, o en la salud materno-infantil y las enfermedades crónicas, las personas y el conocimiento acumulados en cada país a través de proyectos internacionales han sostenido en silencio cómo se lleva la política a la práctica. Cuando se retira esa escalera, los primeros en pagar son siempre aquellos cuyas voces pesan menos. Quién queda fuera de los estudios y qué datos regionales se apagan de aquí en adelante: esa selección silenciosa detrás de las cifras es el cambio que conviene vigilar.

Cuando desaparece el dinero de los NIH y USAID, cada país se pone a prueba: si puede rehacer su investigación con preguntas y presupuesto propios.

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Fuentes

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