En enero de 2025 regresé a Costa Rica. La última vez fue en 2015, cuando estaba allá como voluntario JICA. Esta vez fui como turista, solo a mirar.
San José de noche
Caminé por el centro de San José de noche. En las calles que tan bien conocí entre 2013 y 2015, lo que cambió y lo que no se iba alternando. Nuevos cafés en edificios viejos, edificios tal cual los recordaba, aceras renovadas.
El Teatro Nacional, en pleno centro, no había cambiado. Construido en 1897 para celebrar las cosechas de café, iluminado de noche. Ahí estaba, junto a la bandera de Costa Rica, igual que antes.
El cambio en San José
Caminando San José de día, los cambios de diez años se notan. Más edificios altos. Calles repavimentadas. La ciudad, en general, un poco más cuidada.
No alcancé a llegar a San Vito
En el sur del país está San Vito, donde viví entre 2013 y 2015. En este viaje no me alcanzó el tiempo para ir.
Ni modo, pienso. Pero quedarse pasando solo de largo me dejó algo en la cabeza. La próxima vez voy a hacer el tiempo.
La comida seguía rica
En una soda al mediodía me sirvieron arroz amarillo y carne en salsa. Algo cercano a un casado costarricense, el tipo de plato que recordaba. La combinación de arroz y frijoles está en toda Centroamérica, pero el de Costa Rica todavía me pareció distinto.
La Pilsen y la Imperial no cambiaron
De noche, en un restaurante, me tomé una Pilsen Clásica. La cerveza costarricense desde 1888, la que tomaba en mis tiempos de voluntario. Al servirla en el vaso sube la espuma blanca. Un trago y vuelven los recuerdos.
Otra noche probé una Imperial. La otra cerveza clásica de Costa Rica, con el águila en la etiqueta. La botella venía con una etiqueta del 100 aniversario. Con la Pilsen y la Imperial puestas una al lado de la otra, se siente de verdad eso de "estoy en Costa Rica".
Volver como turista a un país donde viviste es una sensación rara. Mismo lugar, pero la relación ha cambiado. Lo que se ve es otra cosa. La próxima vez, San Vito.