En Costa Rica faltan centros de rehabilitación a largo plazo para pacientes con ictus. La realidad es que muchos pacientes terminan postrados en la cama después del alta.
El problema de conseguir una férula
Un paciente con ictus que llegó a la clínica donde trabajaba estaba poco después del evento agudo, y se esperaba que con una órtesis tobillo-pie pudiera caminar por sí solo. Sin embargo, en el seguro público de Costa Rica, conseguir una órtesis lleva muchísimo tiempo: la oficial llega a los ocho meses del inicio del cuadro. ¿Qué debe hacer el paciente mientras tanto?
Así, en febrero de 2014, lo que pensé fue fabricar una órtesis improvisada.
Una férula hecha a mano
El costo total de los materiales rondó los 8.000 yenes. La clave estaba en la combinación.
- Estructura vertical: un poste metálico mandado a fabricar.
- Suela: una sandalia recortada.
- Espinilla: un protector de codo de béisbol.
Estaba lejos de ser una órtesis ortopédica profesional, pero tenía la función suficiente para empezar el entrenamiento de la marcha.
El cambio del paciente
Con esa férula improvisada y el entrenamiento continuo, el paciente logró caminar de manera independiente y recuperó una vida activa.
Esos ocho meses de espera por la órtesis oficial: ¿no hacer nada o hacer lo que se pueda? La diferencia parece pequeña, pero cambia la vida de un paciente. Trabajar en Costa Rica me hizo sentir esto con fuerza.
Hay aspectos del sistema de salud costarricense que están bien desarrollados, pero en cuanto a prótesis y órtesis aún quedan muchos retos. Aun así, hay gente que intenta llenar ese hueco. Ver eso de cerca quizás fue lo más valioso de haber trabajado allí.