Septiembre de 2014, el pico más alto de El Salvador — el Volcán Santa Ana, a 2.381 metros. Un amigo que vivía en El Salvador me llevó a subirlo. Honestamente, no había hecho casi ninguna preparación para la caminata.
Volcán Izalco — la montaña de "El Principito"
Camino al sendero apareció otro volcán: el Volcán Izalco. Una montaña en forma de cono perfecto, negra, asomando entre las nubes. Inolvidable a primera vista.
Mi amigo me contó: "Cuando Saint-Exupéry era piloto, usaba esta montaña como referencia. Dicen que inspiró los volcanes de El Principito". No sé si será cierto, pero esa forma sí parece sacada de una ilustración de cuento.
Un policía caminando detrás
En la entrada del sendero me encontré con el guía. Un "guía que no es exactamente guía" — no me quedaba claro si tenía alguna acreditación oficial.
Al partir, un policía empezó a caminar detrás. Le pregunté por qué y me dijo: "Tiempo atrás hubo un caso en este sendero en que asaltaron y mataron a un turista. Desde entonces, la policía escolta a los visitantes". Caminar entre el verde con esa información de fondo da una tensión extraña.
Mis amigos avanzaban rápido. Yo me iba quedando solo. La pendiente se ponía dura y empecé a respirar pesado. Al voltear, el policía mantenía una distancia constante detrás de mí. Una mezcla de sentimientos, ver eso.
"Uf, fue duro. Subí animado por un policía". Eso es lo que me quedó como recuerdo.
La laguna del cráter en la cumbre
A los 2.381 metros, en la cumbre, dentro del cráter había una laguna verde esmeralda.
Lo había visto en fotos, pero en persona el color era mucho más vivo. Mirando desde el borde rocoso del cráter, con olor a azufre en el aire, el color no parecía real. Que dentro de un volcán activo exista un agua de color tan limpio se sentía raro y precioso a la vez.
Pensaba que El Salvador era un país de café y salsa. Volcanes y ruinas, no los conocía hasta llegar. Llegar sin saber y ver lo que no se sabe — eso es viajar.