Según informó en julio de 2026 el medio ambiental Mongabay, el territorio indígena Chacobo-Pacahuara, en el norte del departamento boliviano del Beni, lleva tres años consecutivos bajo la amenaza del fuego desde 2024. Aquel año ardió el 47% del territorio —unas 228.000 hectáreas— y en 2025 se detectó, en la misma temporada, una gran cantidad de anomalías térmicas (focos de calor). Ahora, en 2026, la alarma crece incluso antes de que la estación seca alcance su punto máximo. Dentro del territorio vive un grupo emparentado en aislamiento voluntario, personas que han decidido no tener contacto con el mundo exterior, y según los reportes no existe forma siquiera de confirmar si el fuego ha llegado a sus tierras o si están a salvo.
De dónde viene el fuego
El territorio chacobo-pacahuara está rodeado de pastizales donde la quema para renovar los pastos sigue siendo una práctica habitual. Según la información publicada, la causa principal de los daños son las quemas ilegales en esos pastizales vecinos que escapan al control y se propagan hacia los bosques del territorio indígena. Es decir: no son los chacobos quienes encienden el fuego; el fuego llega desde afuera. La delimitación legal de un territorio indígena no es una barrera física frente a las llamas.
El dirigente chacobo Constantino Toledo Ortiz declaró a Mongabay: «Tenemos parientes que viven en aislamiento voluntario. El bosque donde vivían se quemó y no sabemos qué ha pasado». Los grupos en aislamiento voluntario, por definición, no mantienen contacto con el exterior, y justamente por eso casi no hay manera de saber, desde afuera, qué ha sido de ellos después de los incendios.
Al otro lado de la frontera, Brasil marca su mínimo desde 2016
Ese mismo julio llegó una noticia de signo contrario desde el otro lado de la frontera. El 10 de julio, el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE) anunció que la deforestación en la Amazonía brasileña sumó 1.295 kilómetros cuadrados en el primer semestre de 2026, un 38% menos que en el mismo periodo del año anterior y el nivel más bajo desde 2016. Del esfuerzo internacional por proteger la Amazonía en su conjunto hablamos en una nota anterior, y que las cifras mejoren en el país más grande de la cuenca es, sin duda, una buena noticia.
En Bolivia, en cambio, hay quienes señalan que la turbulencia política y las dificultades fiscales desde 2019 han debilitado a los organismos de monitoreo y fiscalización ambiental. Es el mismo bosque amazónico, pero su destino se bifurca cada vez más según el Estado que lo gobierna.
Los riesgos climáticos del segundo semestre de 2026
A la preocupación se suman las condiciones climáticas. El Centro de Predicción Climática de la NOAA, la agencia oceánica y atmosférica de Estados Unidos, ha anunciado que se ha formado un episodio de El Niño y que se espera que se intensifique. Durante El Niño, el interior de Sudamérica tiende a registrar estaciones secas más prolongadas, y si ese escenario se materializa, el riesgo durante el pico de la temporada de incendios —de agosto a octubre— podría ser mayor que de costumbre.
Los bosques de Chacobo-Pacahuara ya han enfrentado el fuego tres años seguidos. Un bosque quemado, cargado de troncos caídos y vegetación seca, se vuelve más vulnerable al siguiente incendio. Si el ciclo de quema y requema continúa, el bosque puede perder su propia capacidad de recuperación.
Mi punto de vista
Leer estas dos noticias en paralelo me hace pensar en las unidades con que medimos. La deforestación brasileña en su mínimo desde 2016: es un hecho, y una buena noticia sin matices. Pero la Amazonía es un solo ecosistema interconectado, y cuando mejoran las estadísticas nacionales, los bosques que arden en sus márgenes nunca protagonizan la cifra. Cuanto más mejora el centro de la cuenca, más difícil resulta ver la crisis de la periferia. Es un patrón que solo se percibe si uno lo busca deliberadamente.
La cifra del «47% del territorio quemado» también se pasa de largo con facilidad. Unas 228.000 hectáreas superan la superficie del área metropolitana de Tokio. Todo ese bosque ardió en una sola temporada, y en él vivían personas que habían elegido no tener contacto con el mundo exterior. Para mí, que su suerte siga siendo sencillamente «desconocida» es el verdadero peso de esta historia.
Dos indicadores merecen seguimiento: el número de incendios que detecte en agosto y septiembre SATRIFO, el sistema de monitoreo de incendios que opera la FAN Bolivia (Fundación Amigos de la Naturaleza), y los datos de superficie quemada que publica Global Forest Watch. Con el pico de la estación seca por delante, esas cifras contarán la historia.
Glosario
pueblos en aislamiento voluntario = grupos indígenas que deciden vivir sin contacto con la sociedad exterior; el contacto conlleva riesgos graves, incluidas las enfermedades infecciosas. chaqueo = práctica boliviana de quemar el monte para habilitar cultivos y pastizales, considerada una de las principales causas de los incendios de la estación seca. foco de calor = anomalía térmica detectada por satélite; es el dato básico para estimar dónde se inician y propagan los incendios.
Una línea trazada en el mapa no detiene el avance del fuego.
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Fuentes
- Third year of wildfires threaten isolated Indigenous group in Bolivia | Mongabay — news.mongabay.com
- Amazon deforestation falls to 10-year low in first half of 2026 | Mongabay — news.mongabay.com
- Brazil deforestation hits new low in Amazon | Phys.org (AFP) — phys.org
- El Niño forms, expected to strengthen | NOAA — noaa.gov
- SATRIFO - Sistema de monitoreo y alerta temprana de riesgos de incendios forestales | FAN Bolivia — fan-bo.org
※ Este artículo es un análisis del autor basado en información pública. Confirme los datos, fechas y procedimientos más recientes en fuentes oficiales y primarias. Las citas se mantienen al mínimo y se indican las fuentes.