El Niño se está intensificando en el Pacífico. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) mantiene vigente un aviso de El Niño: la temperatura superficial del mar en la zona de monitoreo supera ampliamente los valores normales, y la agencia estima en más del 97% la probabilidad de que el fenómeno persista hasta el invierno boreal de 2026-27. Según la agencia AP (17 de julio de 2026), los gobiernos de Brasil, Colombia y Centroamérica están reforzando sus capacidades de combate de incendios y protección civil, y han puesto en marcha planes de contingencia para la agricultura, la energía y la logística. La mayor preocupación es el suministro eléctrico: América Latina genera alrededor del 50% de su electricidad con hidroeléctricas, por lo que una sequía se traduce directamente en crisis energética.
Dependencia hidroeléctrica y vulnerabilidad
La matriz eléctrica latinoamericana está dominada por las energías renovables, y durante décadas su columna vertebral ha sido la hidroelectricidad. Brasil genera cerca del 50% de su electricidad con represas, y Ecuador depende de la energía hidráulica en una proporción aún mayor. Cuando las lluvias escasean en la temporada seca, los embalses bajan y la generación cae con ellos.
Ecuador vivió ese precedente en 2024. Una sequía calificada como la peor en 60 años llevó los embalses de las centrales hidroeléctricas a niveles extremos, y el país sufrió apagones programados de hasta 8 horas diarias en abril y de hasta 14 horas entre septiembre y diciembre. La generación térmica de emergencia tapó el hueco, pero el alza de los costos de combustible se sumó a la incertidumbre del suministro, y el golpe a la actividad económica fue enorme. El fin de los cortes programados no se declaró hasta el 20 de diciembre de 2024.
Por qué la verdadera prueba llega en el segundo semestre de 2026
Los efectos de El Niño suelen llegar con rezago. Los pronósticos actuales indican que las anomalías de temperatura superficial del Pacífico se intensificarán hacia fines de 2026, con sequía y calor persistentes concentrados en Centroamérica, el Caribe y el norte de Sudamérica. Partes de la cuenca amazónica también podrían ser más secas de lo habitual, con impactos previstos en tres frentes: agricultura, logística y riesgo de incendios (AP, 17 de julio de 2026). Brasil contrató a más de 4.600 bomberos federales adicionales para la temporada de incendios forestales, y Costa Rica preparó un plan nacional de emergencia con más de 200 medidas.
El presupuesto brasileño de 2026 para el combate de incendios creció un 20% respecto al año anterior. Que la superficie quemada de la Amazonía en el primer semestre se haya contenido en casi un 40% por debajo del promedio 2013-25 es un logro real (véase nuestra nota anterior sobre la deforestación), pero si las lluvias del segundo semestre quedan muy por debajo de lo normal, ese margen se esfumará.
La “paradoja” de las energías renovables
En 2026, más del 84% de la capacidad instalada de generación de Brasil es renovable: hidroeléctrica, solar, eólica y biomasa. Es una cifra digna de una potencia de la energía verde, pero también significa que el suministro eléctrico está estructuralmente expuesto a los vaivenes del clima. La rápida expansión de la solar y la eólica ha aliviado la vieja concentración en la hidroelectricidad, y los parques eólicos brasileños tienen la ventaja de alcanzar su pico entre junio y noviembre, justo cuando los ríos están bajos. Aun así, el pilar del sistema sigue siendo el agua.
Qué tan grave resulte este riesgo de sequía dependerá de las lluvias de agosto a octubre. Si las cosechas fallan, suben los precios de los alimentos; si a eso se suma la escasez eléctrica, el golpe alcanza a la producción industrial. Esa cadena —energía, agricultura, precios— podría sacudir la economía latinoamericana en la segunda mitad de 2026.
La mirada del autor
Lo que demostraron los apagones de Ecuador en 2024 es un hecho simple: tener un alto porcentaje de renovables y tener un sistema eléctrico resiliente no son lo mismo. En la narrativa de la descarbonización, la hidroelectricidad es la alumna estrella; en la del cambio climático, es la fuente de energía más expuesta a los caprichos del tiempo. Cuánto haya invertido cada país en solar, baterías y descentralización de la red se verá reflejado en la diferencia de daños cuando la misma sequía golpee.
Hay tres indicadores que conviene vigilar: los avisos mensuales de El Niño de la NOAA, el nivel de los embalses que publica el Operador Nacional del Sistema Eléctrico de Brasil (ONS) y las lluvias de agosto a octubre. Si los tres se deterioran a la vez, ese será el momento en que la repetición del Ecuador de 2024 se vuelva una posibilidad real.
Glosario
El Niño = calentamiento periódico de la temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial que altera los patrones climáticos de todo el mundo. ENSO = El Niño-Oscilación del Sur, término que engloba el ciclo completo, incluidos El Niño y La Niña. Apagón = corte del suministro eléctrico; la palabra que dominó los titulares durante la crisis ecuatoriana.
La transición a las energías renovables va en la dirección correcta, pero mientras el clima mismo no se estabilice, el suministro eléctrico seguirá atado a cuánta agua haya en los embalses.
Fuentes
- Latin American governments prepare for El Nino as drought, floods and heat loom | AP (WLRN) — wlrn.org
- El Nino Is Back: What a Hotter, Drier 2026 Means for Latin America | The Rio Times — riotimesonline.com
- Amazon deforestation falls to 10-year low in first half of 2026 | Mongabay — news.mongabay.com
- Brazil Renewable Energy 2026: Grid Hits 85% Green | The Rio Times — riotimesonline.com
- El Niño/Southern Oscillation (ENSO) Diagnostic Discussion | NOAA CPC — cpc.ncep.noaa.gov
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