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Las Américas declararon eliminado el sarampión en 2016, es decir, se había cortado la transmisión propia de la región. Diez años después, ese logro se está resquebrajando. El cuarto informe de situación que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) publicó el 4 de junio indica que, entre la semana 1 y la semana 21 de 2026, hasta el 30 de mayo, se confirmaron 21.431 casos en 17 países y territorios de las Américas, con 31 muertes. Es un aumento del 234% frente al mismo período del año anterior. Solo con mirar las cifras se entiende que no se trata de un simple repunte.

México y Guatemala con más del 80% de los casos

El reparto es desigual. México registró 11.184 casos y Guatemala 6.655, de modo que esos dos países concentran cerca del 83% del total. Si se suman Estados Unidos, con 1.983, y Canadá, con 1.042, cuatro países llegan al 97%. El patrón apunta a un corredor de transmisión centrado en América del Norte. Entre los pacientes con antecedente de vacunación confirmado, el 78% nunca se había vacunado y otro 11% tenía un estado desconocido. Dicho de otro modo, los contagios que una dosis habría evitado son la mayoría del recuento.

Los menores de un año tienen la tasa más alta

En números absolutos, los adolescentes y los adultos jóvenes son el grupo con más casos. Pero al ajustar por población y mirar la incidencia, el orden cambia: los lactantes menores de un año tienen la tasa más alta, seguidos por los de 1 a 4 años y los de 5 a 9. Muchos bebés aún no llegan a la edad de vacunarse, no pueden protegerse solos y son los primeros en colarse cuando baja la cobertura a su alrededor. En una recomendación del 8 de junio, la OPS pidió a quienes viajen por el Mundial, jueguen o vayan como público, que verifiquen su antecedente de vacunación contra el sarampión antes de salir. Con casos en las tres sedes coorganizadoras, Canadá, México y Estados Unidos, el riesgo de que los turistas lleven o traigan el virus dista de ser hipotético.

Una cuestión de confianza detrás de las cifras

Ese 78% sin vacunar no es casualidad. Tras la pandemia, en muchos países creció el rechazo a las vacunas y la desconfianza hacia los sistemas de salud, y la recuperación de la cobertura en buena parte de América Latina sigue a medio camino. El sarampión es muy contagioso y la inmunidad de grupo exige una cobertura superior al 95%. Basta un hueco del 10% para que se propague con rapidez. La OPS emitió una alerta epidemiológica el 4 de febrero y pidió a los Estados miembros reforzar las campañas de vacunación y mejorar la vigilancia; aun así, en menos de medio año los casos subieron un 234%. El motor no es tanto la falta de herramientas como el hecho de que la gente ya no recurre a la vacuna.

La mirada del autor

Como fisioterapeuta y con formación en ciencias de la salud, he recorrido en persona clínicas y comunidades de América Latina. En zonas de Panamá y Costa Rica me marcó comprobar que la desconfianza hacia las vacunas rara vez nace de la ignorancia; cala más hondo justo en quienes ya fueron decepcionados antes por la administración o por la medicina. Repetir el argumento correcto y decir vacúnese y ya no llega a nadie. Por tratarse de una enfermedad que ataca a los lactantes, lo que funciona es un centro accesible donde la familia se sienta segura y la voz de un profesional de carne y hueso por encima del rumor. Para quienes vivimos en Japón, la temporada de viajes del Mundial tampoco es ajena. Saque la cartilla de vacunación y revise su historial y el de su familia. El primer paso realista que puede dar hoy es, curiosamente, así de sencillo.

Cuando un niño muere por una enfermedad evitable, lo que conviene cuestionar no es tanto el virus como aquello que rompió la confianza en la vacuna.

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Fuentes

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