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En 2026, el año en que la fiesta del fútbol arrancó en tres de sus ciudades, la economía de México recibió un baldazo inesperado. El PIB del primer trimestre cayó 0,8% frente al trimestre anterior: peor que cualquier primer trimestre desde 2020. El Plan México, eje del programa de la presidenta Sheinbaum, ya está siendo puesto a prueba.

Qué pasó

Una lectura preliminar del instituto de estadística (INEGI) a fines de mayo situó el crecimiento de enero a marzo en menos 0,8%, por la caída de la producción industrial y la debilidad de la demanda interna. En una encuesta de mayo enviada al banco central, los analistas privados recortaron su pronóstico anual a 1,10%: el tercer ajuste a la baja consecutivo.

Las causas no son una sola. Los aranceles de la era Trump —cambiados, tras un fallo de la Corte Suprema en su contra, por un recargo general inmediato del 15%— alteraron los planes de los exportadores. Dentro del país, la presión por contener el déficit fiscal enfría la inversión pública. Hacienda prevé un déficit del 4,4% del PIB para 2025 y del 4,1% para 2026, posponiendo la convergencia hacia su meta de 2,5% a largo plazo.

Luces y sombras a la vez

No todo es oscuro. Las exportaciones son fuertes y los ingresos por exportación del primer trimestre subieron 17,9% interanual. La inversión extranjera directa ligada al nearshoring alcanzó 40.900 millones de dólares en los primeros nueve meses de 2025, superando ya el récord anual de 2024. El empleo es relativamente estable y el desempleo es bajo.

El Plan México —lanzado en enero de 2025 y ampliado en febrero de 2026— es una estrategia para impulsar la industria nacional y sustituir importaciones. La dirección se entiende. Pero con la demanda débil, tardará en reflejarse en las cifras.

El Mundial y un acuerdo comercial como claves

Los mercados señalan dos factores de recuperación a corto plazo. Uno es el Mundial: de junio a julio, Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey son sedes, con la esperanza de un impulso al gasto turístico. El otro es la renegociación del T-MEC (el pacto entre EE. UU., México y Canadá); un resultado favorable mejoraría el ánimo de los exportadores.

Sin embargo, ambos dependen del exterior. El Mundial es un impulso puntual, y el T-MEC arrastra una incertidumbre que depende de cómo negocie la administración Trump. La clave a mediano plazo es cómo calentar la demanda interna sin perder la disciplina fiscal. El gobierno presenta 2026 como el año en que empiezan a verse los resultados, pero las cifras del primer trimestre no lo concedieron con facilidad.

Aunque soplen vientos de cola desde fuera, una recuperación autónoma no se ve mientras la demanda interna siga fría.

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Fuentes

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