El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, declaró el 19 de julio (hora local) que el país no volverá a celebrar elecciones. Lo hizo en el acto celebrado en Managua por el 47.º aniversario de la revolución sandinista de 1979. “Aquí no habrá más elecciones para que ellos tomen el poder. Nunca, nunca, nunca”, afirmó, presentando las elecciones como un instrumento de cambio de régimen manipulado por Estados Unidos y los viejos somocistas, y justificando con esa lógica su abolición. Las próximas presidenciales estaban previstas para noviembre de 2027; ahora, incluso esa fecha desaparece.
Un monopolio del poder construido a lo largo de veinte años
Ortega volvió a la presidencia en 2007. Desde entonces ha reescrito la Constitución, desmantelado a la oposición y tomado el control del poder judicial y del legislativo. En las elecciones de 2021 se proclamó “ganador” tras encarcelar a prácticamente todos los candidatos que podían hacerle frente, y la comunidad internacional se negó a reconocer la legitimidad del resultado. Con la reforma constitucional de enero de 2025, la Asamblea Nacional amplió el mandato presidencial de cinco a seis años, aplazó a noviembre de 2027 los comicios previstos para noviembre de 2026 e instaló formalmente a su esposa, Rosario Murillo, como “copresidenta”.
La declaración de ahora se inscribe en esa misma trayectoria, pero que Ortega haya dicho en voz alta “no habrá más elecciones” tiene un peso enorme. Si los regímenes autoritarios suelen mantener elecciones nominales es precisamente porque les sirven como “puesta en escena de legitimidad” ante el público interno y externo. Ortega ha renunciado a la puesta en escena misma. Justo después de la declaración, se informó de que la Asamblea Nacional había iniciado el trámite para consagrar la abolición de las elecciones en la Constitución.
La estructura que paraliza a la comunidad internacional
El Departamento de Estado de EE. UU. condenó de inmediato el anuncio, señalando que “la declaración de Ortega dejó al descubierto el verdadero carácter autoritario de la dictadura de su familia” (el endurecimiento de las sanciones estadounidenses contra Nicaragua lo tratamos en un artículo anterior). También en la Organización de los Estados Americanos (OEA), Nicaragua carece en la práctica de espacios de diálogo desde 2021.
El problema es que ni las sanciones económicas ni las políticas de aislamiento tienen capacidad real de erosionar la base de poder de Ortega. La solidaridad con Cuba y Venezuela, el control estatal de la economía y una sociedad civil ya devastada por la represión: el régimen ha desarrollado una notable resistencia a la presión externa. Incluso los gobiernos democráticos de la región, capaces de expresar condenas diplomáticas, dudan a la hora de cortar los lazos económicos. La eficacia de una “solidaridad en defensa de la democracia” resulta, lamentablemente, dudosa hoy por hoy.
Qué queda cuando se derrumba la premisa de la democracia
En América Latina, durante los últimos diez años y pico, las elecciones se han ido vaciando de contenido en Venezuela y Nicaragua. Aun así, ambos países conservaron al menos la forma externa del voto. Esa es la línea que Ortega acaba de cruzar. Incluso dentro de la deriva autoritaria regional, se trata de una etapa cualitativamente nueva.
La mirada del autor
Las “elecciones nominales” parecen carecer de sentido, pero en realidad imponían ciertos costos al régimen: eliminar a los candidatos opositores, escenificar la participación, rechazar a los observadores. Todo ese trabajo de mantener las apariencias era, a la vez, un síntoma de su fragilidad. ¿Renunciar a él significa la consolidación definitiva del régimen, o que ya no le quedan fuerzas ni para sostener la puesta en escena? Las lecturas se dividen en dos.
Hay dos indicadores que conviene vigilar. Primero, hasta dónde avanza el trámite para consagrar la abolición de las elecciones en la Constitución. Segundo, si el deterioro económico abre grietas en la estabilidad del régimen. Sostener el control exige repartir prebendas económicas, y si se estrechan los fondos externos y las remesas, la posibilidad de una presión desde dentro sigue abierta.
Glosario
Sandinismo = la corriente política del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que encabezó la revolución de 1979 y que Ortega invoca como fuente de legitimidad. Copresidenta = cargo creado por la reforma constitucional de 2025, ocupado por Murillo. OEA (Organización de los Estados Americanos) = organismo regional del continente; Nicaragua formalizó su retirada en 2023.
Un dictador que anuncia por sí mismo la abolición de las elecciones admite, en la práctica, que ya no necesita el juego de la legitimidad.
Fuentes
- Ortega insists no more elections for Nicaragua | Al Jazeera — aljazeera.com
- Nicaragua's Ortega says 'never again' for elections after two decades in power | CNN — cnn.com
- Nicaragua's President Ortega says no more elections, extending his 20-year rule | NPR — npr.org
- Ortega says Nicaragua will hold no more elections | MercoPress — en.mercopress.com
- A Call to Action: Addressing the Murillo-Ortega Dictatorship's Vow to Abolish Elections | U.S. Department of State — state.gov
※ Este artículo es un análisis del autor basado en información pública. Confirme los datos, fechas y procedimientos más recientes en fuentes oficiales y primarias. Las citas se mantienen al mínimo y se indican las fuentes.
Crónicas de viaje por este país
También recorrí Nicaragua en persona — la serie empieza aquí.