Unas cuatro horas y media en autobús al noroeste de la Ciudad de México, encajada en las montañas a 2.000 m de altitud, hay una ciudad increíblemente colorida. Guanajuato: una ciudad que floreció en el siglo XVI gracias a la minería de plata y que hoy es Patrimonio Mundial de la UNESCO (1988): Ciudad Histórica de Guanajuato y Minas Adyacentes, uno de los destinos más representativos de México. Las vetas de plata descubiertas aquí en 1548 llegaron a aportar cerca de un tercio de la producción mundial de plata en el apogeo del periodo colonial, generando enormes riquezas que fluyeron hacia España (fuente: Encyclopædia Britannica — Guanajuato).
Había leído por ahí que Guanajuato es "una ciudad como un joyero". Frente a las casas multicolores apiladas por las laderas, esa descripción no parece exagerada en absoluto.
El Pípila y la vista desde lo alto
Todo el mundo dice que lo primero en Guanajuato es subir al cerro y visitar el Monumento al Pípila. Pípila era el apodo de Juan José de los Reyes Martínez Amaro, héroe del inicio de la Guerra de Independencia de México. El 28 de septiembre de 1810, durante la Toma de la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato, se cuenta que se ató una losa de piedra a la espalda como escudo y prendió fuego al portón del bastión español — un acto que se convirtió en uno de los símbolos fundacionales del movimiento de independencia liderado por Miguel Hidalgo (ver: Encyclopædia Britannica — Guanajuato).
En cuanto pisas la terraza al pie de la estatua y miras hacia abajo, te quedas sin aliento. Casas rosadas, amarillas, azules, rojas y verdes se apretujan por la ladera. En el centro, una basílica amarilla imponente; detrás, los edificios blancos de la universidad. Así que esto era el "joyero".
La basílica amarilla y la plaza colorida
En el corazón de la ciudad está la Basílica de Nuestra Señora de Guanajuato, visible desde casi cualquier rincón del centro. Paredes amarillas brillantes con detalles rosados — un ejemplo de manual de arquitectura colonial.
La ciudad de Don Quijote — y una conversación con un comerciante
Guanajuato es también la ciudad de la cultura cervantina. Cada octubre se celebra aquí el Festival Internacional Cervantino, y por toda la ciudad hay referencias a Don Quijote — estatuas, un museo, esculturas en cada esquina.
Mientras paseaba, entré a una pequeña tienda que vendía figuras de Don Quijote. El dueño me preguntó: "¿De dónde eres?". Le dije que iba a subir al cerro del Pípila para ver la ciudad desde arriba, y él me sonrió y me dijo: "Pues pasa de regreso. Te regalo un recuerdo".
Al final no volví. Era claramente buena gente y quizás debí haber pasado. Pero "recibir algo gratis" de un desconocido en una ciudad desconocida siempre trae un poco de cautela. La amabilidad en los viajes es difícil de leer: cuándo aceptarla con gusto y cuándo mantener distancia. A ese comerciante le di las gracias en silencio, dentro de mi cabeza.
El Callejón del Beso — una leyenda trágica
Caminando por los callejones del centro, en algún momento aparece el cartel del Callejón del Beso. Solo 68 cm de ancho, el legendario callejón en el que los balcones de las casas de enfrente casi se tocan — lo bastante cerca como para que dos enamorados pudieran rozarse las manos.
La leyenda dice más o menos así: en el siglo XVIII, en dos casas enfrentadas, vivían Doña Carmen, hija de un comerciante rico, y Don Luis, un joven pobre. El padre se negaba a aceptar la relación, así que los dos solo podían intercambiar amor con besos a través de los balcones. Un día el padre los descubrió y, en su furia, mató a Carmen; Luis besó la mano fría de la joven y se marchó para siempre. Hoy se dice que las parejas que se besan parados en el tercer escalón de este callejón tienen siete años de felicidad asegurados (algunos dicen quince).
El Museo de las Momias — ¿por qué existe?
Otro gran atractivo de Guanajuato es el Museo de las Momias de Guanajuato, en las afueras de la ciudad. Cerca de 100 cuerpos momificados de forma natural se exhiben tras vidrio. No saqué fotos: solo lo recorrí.
"¿Por qué hay momias aquí?" le pregunté después a alguien del lugar. La respuesta: "Eran personas cuyas familias no podían seguir pagando la sepultura, así que las desenterraban". Lo escuché con cierta duda, pero después al investigar comprobé que era esencialmente cierto.
Entre 1865 y 1958, en Guanajuato existió un sistema en el que las familias debían pagar una tasa periódica para mantener una tumba. Cuando ya no podían pagar, el cuerpo se exhumaba. Gracias a la altitud de 2.000 m, la baja humedad y al suelo rico en minerales de Guanajuato, los cuerpos exhumados no se descomponían: se momificaban de forma natural. Con el tiempo, esas momias se empezaron a mostrar al público y de ahí nació el museo actual. Actualmente se exhiben 111 momias, una colección de momias naturales prácticamente única en el mundo y objeto de estudio antropológico y patológico.
"Demasiado pobre para conservar tu tumba, así que tu cuerpo termina en una vitrina" — no es fácil saber cómo sentirse ante eso. Pero pensando en la visión mexicana de la muerte, donde la muerte vive justo al lado de la vida, quizá esta también sea una forma muy mexicana de despedirse.
Una ciudad sorprendentemente conocida en Japón
Algo que me sorprendió caminando por Guanajuato fue cuántos turistas japoneses me crucé. Apenas vi gente japonesa en la Ciudad de México o en la Península de Yucatán, pero en Guanajuato eran notoriamente muchos.
En los medios japoneses, Guanajuato suele aparecer como "la ciudad más bonita del mundo" o "la ciudad como un joyero", y por eso es, con diferencia, uno de los destinos latinoamericanos con más reconocimiento entre el público japonés.
Guanajuato de noche
El verdadero clímax de la ciudad llega de noche. Al ponerse el sol, la basílica y la universidad se iluminan, y las pequeñas luces de las ventanas de las casas se extienden por toda la ladera.
La metáfora del "joyero" toma todo su sentido de noche. Las casas coloridas del día se hunden en la sombra y, en su lugar, aparecen incontables lucecitas — como si alguien hubiera abierto una caja y derramado un puñado de gemas por la ladera.
Después de un solo día caminando, Guanajuato ya me había dejado demasiados lugares a los que querría volver.
Quizá realmente le debo a ese comerciante una visita de regreso para ir a buscar el recuerdo que me prometió.
Lugares visitados
Guía de viaje (información general)
※Esta sección es referencia editorial basada en información pública. Confirma precios y operación en los sitios oficiales.
Cómo llegar
- En avión: vuelo nacional desde la Ciudad de México al Aeropuerto Internacional de León (BJX), aprox. 1 hora; luego 45 min en autobús del aeropuerto
- En autobús: desde la terminal Norte de Ciudad de México con ETN/Primera Plus, unas 4h30 (varias salidas al día)
- Dentro de la ciudad: el centro histórico se camina. Hay muchas cuestas — usa zapatos cómodos
- Hasta el Pípila: en funicular, o por escalera unos 15 min detrás del Teatro Juárez
- Mejor temporada: el Festival Internacional Cervantino, en octubre, convierte la ciudad entera en una fiesta
Lugares cercanos recomendados
- San Miguel de Allende — otra ciudad colonial Patrimonio Mundial, a 1h30 en auto desde Guanajuato
- Mina La Valenciana — alguna vez la mina de plata más productiva del mundo; visitas a galerías subterráneas, a 15 min en auto
- Templo de San Cayetano — obra maestra churrigueresca encargada por el dueño de la mina La Valenciana, junto a la mina
- Alhóndiga de Granaditas — escenario de la leyenda del Pípila, hoy museo regional de historia
- Dolores Hidalgo — cuna del Grito de Independencia, a 1 hora en auto