Dejé Granada y, camino a la capital Managua, paré en un pueblo llamado Masaya.
Masaya — un tesoro de artesanías
Masaya es famosa por sus artesanías. La variedad y la cantidad que hay en el mercado superan a cualquier mercado de Costa Rica que haya visto. Hamacas de colores, madera, cerámica, textiles — la cultura artesanal nicaragüense, toda en un mismo lugar.
Sabía que comprar de más se convertiría en equipaje, pero igual la mano se me iba. Compré un pequeño llavero con forma de hamaca y seguí adelante.
Managua — "el lugar de mucha agua"
"Managua" significa "el lugar de mucha agua" en náhuatl. Como dice el nombre, el lago de Managua se extiende por la ciudad. Se puede mirar, pero la contaminación está tan avanzada que bañarse no es opción. La impresión se quedó en "ah, está el lago".
Managua es de las capitales de Centroamérica donde la infraestructura turística aún se está desarrollando. Los puntos de interés son pocos y le falta el pulido de Costa Rica o de Granada — pero la ciudad tiene un aire sencillo, sin afectación.
Reencuentro con amigos
Pero la verdadera razón para venir a Managua no era el turismo. Unos amigos que conocí en Costa Rica vivían ahora aquí, y llegué hasta acá para volver a verlos después de mucho tiempo.
Esa noche me invitaron comida japonesa en su casa. Comer comida japonesa en plena Centroamérica fue otra cosa. Viajar te hace agradecer las comidas cotidianas que normalmente das por sentado.
Quizá lo más importante de viajar no es el lugar sino la gente que está ahí. Para mí, Managua fue más "una ciudad a la que voy a ver gente" que un destino turístico. Al menos esa noche con mis amigos fue de lo mejor.
A la mañana siguiente, despedida con pena, me subí al bus de larga distancia rumbo al siguiente destino: León.